[ACTUALIZACIÓN: este post se ha movido a una nueva versión aquí, en MTB Segura]
Hoy quisiera transmitir algo de mi experiencia circulando en bicicleta durante unos cuatro años, a fin de intentar prevenir algún desagradable accidente por caída indeseada.
No voy a hablar aquí, por tanto, de temas de ergonomía ni de seguridad en general. Vamos a centrarnos en riesgos potenciales que, a veces, sobre todo como novatos, no nos damos cuenta de ellos y nos pueden llevar al suelo. Varios de estos casos me han sucedido, sin graves consecuencias, por suerte. Creo que hubiera estado bien haber tenido acceso a una lista como esta cuando empecé con la bici.
Circulando en carretera
Lo peor que nos puede pasar es sufrir una caída en carretera, rodeados de tráfico, y resultar ser atropellados por un conductor de esos que no respetan los márgenes de seguridad, que son… la mayoría. ¿Cuáles son los riesgos potenciales de las carreteras para las caídas? Voy a enumerar los riegos que se me ocurren.
a. Pequeñas grietas/desniveles longitudinales (5-10cm de altura en adelante) en la calzada o en los bordes del asfalto. Los desniveles longitudinales son un horror cuando los pillamos con cualquier rueda, sobre todo a baja velocidad, y no hacen ángulo recto con nuestra bici, pues nos desestabilizan por pinzamiento y/o resbalón de la rueda. Según la velocidad, el ángulo soportable por la bici será mayor o menor antes de lanzarnos al suelo. Aquí encontramos grietas profundas en el asfalto, alcantarillado mal puesto, bordes del asfalto con la tierra, aceras, etc. Es fácil verlo así: si vamos a subir a una acera o bajar de ella en perpendicular, nos resultará bastante sencillo. Si vamos al borde de una acera y pretendemos subir a ella prácticamente en paralelo, seguramente nos patinará alguna rueda contra el borde, seguramente la trasera, y nos mandará al suelo. Si circulamos al borde de una acera y nos pegamos demasiado, la rueda delantera puede pinzarse con el borde de la acera y mandarnos al suelo igualmente. Lo mismo, pues para cualquier desnivel longitudinal o que no haga 90º con nuestras ruedas. Si circulamos demasiado al borde del asfalto con la tierra, puede que en un despiste la rueda delantera se nos vaya a la tierra, y con el desnivel la hemos liado. No hay que circular por el medio de la vía con la bici, pero tampoco demasiado al borde.
b. Gravilla, arenilla u obstáculos imprevistos bajando en curva. Cuando bajamos con algo de velocidad y vamos por el borde de la carretera sufrimos un gran riesgo, pues en muchas curvas no vemos lo que se nos viene encima, como gravilla en medio de la curva o algún perro o gato que nos salga de la nada. Si vamos con velocidad en curva y nos aparece gravilla, frenar seguramente nos hará patinar y caer (e incluso sin frenar, si la curva es cerrada). Por tanto, lo mejor en bajada ante las curvas es reducir la velocidad, echar un vistazo rápido atrás (siempre con el frente despejado y llano) y verificar que no viene ningún vehículo para meternos al medio del carril. Así, tomaremos la curva en un asfalto normalmente en mejores condiciones y con más visibilidad, para una vez superada ésta, volver al arcén. Si no es posible irse al medio del carril porque hay tráfico, reduciremos la velocidad de marcha lo que sea necesario para tomar la curva por el borde con seguridad, según sea esta más abierta o cerrada.
c. Con terreno deslizante, como arenilla, mucho ojo con el freno delantero.
d. Roturas de cadena. A veces, las cadenas se rompen, y cuando rompen, solemos caernos porque se nos descompensa el cuerpo. Una caída tonta por rotura de cadena puede acabar muy mal en carretera, por tanto, procuraremos evitarla lo máximo posible. ¿Cómo? Sobre todo en subida, la presión ejercida sobre la cadena es mayor que llaneando o bajando, y a veces incluso nos ponemos en pie. Eso es mala idea en cuanto a que a mayor tensión de la cadena, mayor riesgo de rotura. Lo mejor en subida es tratar de ejercer poca fuerza sobre los pedales, y por tanto sobre la cadena, y no levantarnos del sillín. Para ejercer menos fuerza sobre la cadena, podemos reducir marcha y pedalear con mayor cadencia. Pedalear muy lento subiendo es lo que más fuerza nos hace ejercer sobre la cadena (ya nosotros nos damos cuenta) y es lo que más nos puede hacer caer si hay rotura. Al pedalear con una cadencia mayor, ya nosotros mismos notamos que ejercemos menos presión, y, además, ante una eventual rotura, no notaremos tanta descompensación encima de la bicicleta.
e. Pinzamiento entre ruedas de dos bicicletas. Un motivo recurrente de caída, sobre todo entre novatos, es el pinzamiento entre ruedas de dos bicicletas. Cuando circulamos con compañeros hay que recordar SIEMPRE mantener un buen margen de seguridad entre bicicletas, mínimo 3 a 5 metros, para evitar provocar un pinzamiento, que nos mandará al suelo a nosotros y al compañero. Además, el margen de seguridad nos debe permitir frenar si el compañero de delante se cae o se detiene inesperadamente, sin que lo lleguemos a alcanzar.
f. Bajar apoyados en los cuernos del manillar. Los cuernos están muy bien para ayudarnos en las subidas, pero en bajada uno nunca se debería apoyar en los cuernos, pues ante una requerida frenada de emergencia, estamos muy lejos de las manetas de freno.
g. Circular muy pegados a los vehículos estacionados. Un vehículo estacionado siempre se puede poner en marcha o bien se puede abrir una puerta de improviso. Incluso nos puede salir un gato de debajo de alguno. Circularemos con mucha precaución cerca de los vehículos estacionados y lo más alejados de ellos que nos permita el tráfico. En ciudad, si hay varios carriles por sentido, irnos al medio de un carril no es demasiada mala idea. Además, a veces vamos al ritmo del tráfico. Por otro lado, si hay dos carriles por sentido y nos pegamos mucho a los vehículos estacionados, los coches nos adelantarán demasiado pegados a nosotros. Es mejor, por tanto, “obligarles” a que nos dejen margen de seguridad al lado y nos adelanten directamente por el otro carril. Si vamos subiendo a baja velocidad, podemos acercarnos más a los vehículos estacionados para no entorpecer demasiado el tráfico, pero siempre atentos a posibles aperturas de puertas o arranques inesperados, fijándonos, por ejemplo, si hay gente dentro del coche estacionado.
h. Nunca desviar la vista del frente demasiado tiempo. Muchos ciclistas echan vistazos a sus compañeros que se han quedado atrás o a los cambios o ruedas, para comprobar… ¡quién sabe qué! durante un tiempo demasiado largo. Echar un vistazo rápido atrás no está mal para ver si nos precede algún vehículo cuando tenemos, por cualquier razón, que desviarnos de nuestra ruta e invadir la calzada. Pero esto siempre hemos de hacerlo a baja velocidad, con un firme en buen estado y llano por delante, y de manera muy rápida. Quedarnos uno o varios segundos viendo hacia otro lado que no sea el frente, es mala idea. Además, la bici se desvía cuando no vemos al frente, no como cuando vamos en coche, que mantiene su ruta. Cuando queramos ver qué pasó con nuestros compañeros o comprobar algo en la mecánica de la bici, debemos pararnos en lugar seguro y bajarnos de la bici, si es necesario.
i. Si usamos pedales con calas o algún tipo de sujeción al calzado, debemos familiarizarnos bien con el sistema antes de salir al tráfico aglomerado. Si el sistema tiene niveles de presión, regularlos en el nivel más blando al principio.
j. Evitar “ir a tope” y detenerse repentinamente, bien por un paso de cebra, un semáforo, etc. Rodar a un ritmo excesivo no es muy saludable, pero lo peor es ir a tope y parar de golpe, pues hay mucho riesgo de desvanecimiento. Por eso, si vamos un poco forzados y prevemos que nos vamos a tener que detener en un semáforo o similar, aminoraremos el ritmo de manera paulatina, para que el cuerpo se vaya adaptando y pase de una situación de esfuerzo a una de reposo adecuadamente.
k. Superar las fobias a los bichos. Esto, que puede parecer lo más trivial del mundo, representa un grave problema para ciertas personas, tanto vayan en coche como en moto como en cualquier otro vehículo. Hay gente que tiene pánico a arañas, saltamontes, abejas, etc., y es ver un bicho de estos al lado y perder los nervios y el control, con el gravísimo peligro que ello conlleva. Si vamos en bici o en coche (u otro) y vemos una araña (o pon aquí tu bicho más odiado) enorme y fea que nos sube por un brazo, o notamos algún bicho que se nos ha subido a la cara (bastante probable en montaña), tenemos que mantener los nervios de acero, la calma total, hasta detenernos, y entonces, ya sin peligro, tratar de quitárnoslo de encima con mayor o menor paciencia. Por tanto, si tenemos alguna fobia concreta que nos pueda hacer perder los nervios y el control del vehículo, es mejor tomarse un tiempo de concienciación hasta que estemos preparados, porque un bicho como mucho nos picará, pero una salida de carril nos puede llevar la vida consigo, o la de otras personas. ¿Qué es una picadura al lado?
l. Evitar el agotamiento. Es habitual, sobre todo como novatos, no calcular bien los límites de fuerza de que disponemos para el camino, de manera que apretamos mucho cuando vamos frescos y terminamos la vuelta de regreso exhaustos. Con ese nivel de agotamiento, las caídas se producen de la forma más tonta y, además, nos arriesgamos a sufrir un desvanecimiento. Así, lo ideal sería empezar con rutas cortas, de media a una hora, sin forzar el cuerpo durante el camino, ahorrando energías (muy recomendable llevar una barrita energética o alguna fruta o así por si la necesitamos durante la ruta, así como tomar algo justo antes de comenzar el viaje; a mí me funciona muy bien un plátano antes de salir de casa), e ir subiendo paulatinamente la duración hasta las dos horas, duración recomendada de una buena vuelta en bici, y el ritmo.
m. Usar gafas. La mayoría de las gafas que se venden para bicicleta tienen tres tipos de cristales: oscuros para el sol, en tono amarillo para el atardecer y transparentes para la oscuridad y usos diversos; vamos, adaptadas a poder llevarlas en todo momento. Esto se debe a que, aunque en subida las gafas no tienen efectos aparentes en la seguridad, llaneando a velocidad y en bajada son un equipamiento fundamental. Bien por gravilla que nos tiran los coches o el compañero de delante a los ojos, barro por nuestra propia rueda delantera, o por abejorros, moscones, etc., que pueden impactar a alta velocidad contra nuestros ojos (cosa bastante frecuente), las gafas son más que deseables, ya que estas situaciones nos pueden hacer perder el equilibrio, aparte de producirnos gran malestar o incluso heridas debido a lo sensibles que son los ojos.
n. Viento lateral, rebufo de camiones. A menudo, un ciclista novato (e incluso experimentado) obvia el grave problema del viento que nos azota lateralmente. En varias ocasiones he sufrido “volantazos” a manos del manillar que me han desviado de mi ruta a causa de un viento lateral de fuerza inesperada, y, más recientemente, el mismo efecto causado por el fuerte rebufo que produjo un camión que pasó a mi lado a unos 70 km/h, y que me atrajo hacia sí con suficiente fuerza como para desestabilizarme. Bien, lo mejor ante estos casos es, como siempre, extremar las precauciones y disminuir la velocidad. No es mala idea, al menos en el caso de que veamos que nos sobrepasa un camión o autobús a “gran” velocidad, inclinar ligeramente el cuerpo haciendo contrapeso hacia el lado opuesto y sujetar el manillar con firmeza, a fin de que un posible rebufo no logre atraernos hacia sí. No es mala idea, tampoco, alejarnos lo máximo posible del tráfico hacia el borde de la carretera, a fin de que el rebufo creado por el vehículo pesado que nos adelanta nos atrape con menos intensidad. En caso de un viento moderado/fuerte durante la ruta, tendremos en cuenta estas precauciones durante todo el trayecto, sin otorgarle confianzas, que en el momento menos pensado nos va azotar lateralmente con contundencia.
o. Gatos. Los gatos son unos animales con una extraña afición: cruzar la carretera justo cuando pasas. Es más, un gato que está cruzando la calle y ya está llegando al otro extremo cuando pasas, tiende a dar media vuelta y volver a la cuneta de la que salió antes que apartarse hacia la que está llegando. Cuidado con ellos.
Así que, de lo que se trata en carretera, es de no invadir nunca la calzada de manera imprevista. Nunca nos hemos de desviar de nuestra línea imaginaria marcada hacia el interior de la vía ni tan sólo medio metro, pues los coches y camiones nos acechan en todo rato y el viento en las orejas suele impedir incluso que los oigamos antes de tenerlos encima. Concienciaros siempre de que, en caso de que en alguna ocasión sea imposible evitar una caída en carretera, durante ese breve lapso de tiempo en que aún tengáis la opción de elegir hacia que lado caer, tener la predisposición y hacer todo lo posible por caer hacia la cuneta o acera, NUNCA hacia el lado del tráfico; hacedlo como si os fuera la vida en ello.
Circulando en montaña
En montaña, las pequeñas caídas no suelen revestir gravedad, ya que no hay ningún vehículo pesado que nos vaya a atropellar por ello. Lo que debemos evitar son las caídas a cierta velocidad. Para ello, aparte de los temas mencionados anteriormente, en principio sólo debemos
a. bajar con prudencia a causa del terreno resbaladizo típico montañero, no apurar las frenadas en curvas ni tomarlas a demasiada velocidad, bien por riesgos de resbalones al frenar o por los más que comunes animales en medio del camino.
b. prestar atención a los palos sueltos en el terreno, que se nos pueden enredar en las ruedas y liarnos una buena.
c. tener mucha precaución con los terrenos pedregosos y/o poco uniformes. Para pasar por estos, nos apoyaremos sobre los pedales, con el cuerpo en pie, ya que esto ayuda a mantener la estabilidad y se absorben mejor las irregularidades del terreno. Es importante familiarizarse con los pedales con cala, que al principio parece que es un rollo inseguro, pero en cuanto vamos por un par de terrenos irregulares veremos cuanto nos ayuda que el pie no se nos vaya fuera del pedal, lo que es trompazo casi seguro al ir en pie. Además, acostumbrarse al sistema no lleva mucho tiempo. Aún con calas y todo, con una gran vibración el pie se nos puede ir fuera de su sujeción y del pedal. Para evitarlo todo lo posible, nos “agarraremos” a la bicicleta con las piernas mientras vamos en pie, si vemos que es necesario.
d. atrasar el cuerpo, y con ello el centro de gravedad, en bajadas pronunciadas, especialmente ante desniveles tipo escalones, y tocar poco o nada el freno delantero según las condiciones del terreno. Con atrasar el cuerpo quiero decir levantar el culo del sillín y desplazarnos hacia atrás de éste, manteniéndonos así “colgando” sobre la rueda trasera. Es muy conveniente bajar el sillín en estas situaciones, si lo llevamos muy subido, pues el riesgo de dar una voltereta por encima del manillar es alto; basta con un mínimo palo, piedra, raiz, etc., que nos encontremos con la rueda delantera, mientras vamos en una posición muy adelantada sobre el centro de gravedad, para acabar de morros y rodando por los suelos en la pendiente. Con todo, es muy importante no atrasar el cuerpo demasiado encima de la bici, pues si nos apoyamos en exceso sobre la rueda trasera, la rueda delantera quedará sin tracción y no seguirá nuestras órdenes.
e. No tomar bajadas complicadas (pedregosas, raíces, trialeras, etc.) con agotamiento de piernas. Si falta “fuelle” tras una larga ruta o tras una subida difícil, o tras tiempo sin salir (o no haber salido anteriormente) deberíamos evitar cualquier bajada complicada, pues si las piernas están agotadas, ni bajaremos con seguridad ni nos responderán bien ante el terreno.
f. Los cuernos están bien para una bici de montaña con propósito XC tranquilo y/o que también ruede mucho por carretera. Pese a que nos ayudan es las cuestas de carretera y en las cuestas leves de montaña, deberíamos evitar usar los cuernos en las cuestas difíciles de montaña, pues la rueda delantera se levanta y perdemos el equilibrio. En las cuestas difíciles es mejor llevar bien asentada la rueda delantera (la trasera por supuesto), y los dedos en los frenos, pues si nos patina la rueda trasera con las piedras o por baja velocidad por agotamiento, frenamos la bici y ponemos un pie en el suelo sin complicaciones. El problema está en que nos patine la rueda de atrás y la bici se nos vaya para atrás antes de conseguir poner el pie en el suelo. Levantarse sobre los pedales para subir este tipo de cuestas complicadas con piedras tampoco es recomendable, pues la rueda trasera patinará más que otra cosa.
g. Como bien apunta el comentarista anónimo, cuando bajamos, sobre todo por terreno inestable, hay que mantener el cuerpo en lo que se denomina “relajada tensión”. Hay que absorver las irregularidades del terreno, pero controlar la bici en todo momento. De manera especial, hay que prestar atención al manillar. Éste intentará desviarse a la primera de cambio, por acción de piedras o raíces, y hemos de mantenerlo derecho en la línea que queremos seguir, sujetándolo con firmeza en todo momento, pero sin llevar los brazos rígidos.
h. Cuando nos encontramos subiendo una cuesta empinada en terreno resbaladizo y nos hemos detenido, hay que cuidar el arranque. Dar un “golpe de pedal” y querer subir el culo después al asiento, suele ser mala idea; la rueda trasera patinará, puede que nos golpeemos contra el sillín, y encima nos caeremos por desequilibrio. Lo que hay que hacer es buscar un punto alto (una piedra, un resalto, etc.) donde apoyar bien el pie, y colocar el cuerpo bien asentado con la bici en vertical, para arrancar con apoyo en la rueda trasera, con tracción, y sin usar los cuernos para intentar hacer más fuerza, pues puede que se nos levante la rueda delantera y perdamos el equilibrio.
Esto es lo que se me ocurre por ahora, así que, para finalizar, os invito a completar esta lista con vuestras sugerencias, que serán muy bienvenidas.