¿Qué sabes tú de manillares?

Unos nuevos juguetitos han llegado hoy para mi bicicleta, que ya se los he montado aprovechando la tormenta del siglo que hoy caía sobre nosotros (y que me impedía salir a dar una vuelta, cosa que ocurre mucho últimamente :’(   ).

El caso es que mientras estaba manos a la obra se me ocurrió pensar en… qué olvidado está el tema del manillar. Es decir, ¿qué sabe de manillares un usuario… normal de mtb? Que los hay planos, de doble altura más o menos acusada, más largos y más cortos, como mucho ¿me equivoco?

Hay un tema bastante importante al que no se presta atención, y es que cada manillar/potencia está diseñado para una finalidad concreta (al igual que cualquier parte de la bicicleta o esta misma), sean cuales sean sus medidas y compuesto. Es decir, un manillar de hoy en día suele estar hecho de aluminio de la gama 6000, 7000 y carbono. No obstante, cada manillar está diseñado para una disciplina y no debería usarse fuera de ella, por nuestra seguridad.

Un manillar de XC de aluminio 6061 es más pesado que uno de aluminio 7075 o uno de carbono, ya que, como estos últimos materiales son más resistentes, se puede reducir la cantidad de material usado y, consigo, peso, manteniendo la rigidez de un 6061. No obstante, están diseñados para XC, y su uso, por ejemplo, dando saltos haciendo enduro, puede llegar a quebrarlos, doblarlos… vamos, hacer un destrozo de nuestros cuerpos.

Cada manillar especifica en sus características para qué disciplina está pensado; cuanto más dura sea esta, más peso tendrá el manillar en comparación con el mismo compuesto en una categoría inferior. Esto le permite ser más robusto y aguantar con garantías la presión y el trato que se espera que reciba durante su vida útil. Por supuesto, un manillar de DH sirve para hacer enduro, trail o XC, pero no a la inversa.

Otro tema importante que a menudo se olvida es que, tras una caída contundente con puntería certera en él, un manillar puede sufrir alguna hendidura grave en su estructura, lo cual lo debilitará considerablemente. Llegado a este punto, por supuesto, deberemos de cambiar de manillar.

¿Para qué vale cada manillar? A grandes rasgos, los manillares se suelen catalogar como XC, Trail, AM (All Mountain-Enduro), Freeride/DH.

- Un manillar (y bici) de XC está hecho para lo que es el XC, es decir, pisteo, baches y pequeños escalones.

- Un manillar (y bici) de Trail está hecho para soportar escalones más pronunciados y saltos de más o menos medio metro de altura.

- Un manillar (y bici) pensado para AM está hecho para soportar un trato duro, con saltos de hasta unos dos metros de altura.

- Un manillar de DH será extremadamente robusto, preparado para soportar las competiciones más bestias de puro descenso de montaña.

Afortunadamente, los manillares, así como las bicicletas, suelen soportar más de lo que parece, aunque, tras un trato continuado con más “virulencia” de la debida, pueden aparecer los cracks! repentinos, ya sabéis, esas bicicletas partidas a la mitad que vemos de vez en cuando en un vídeo y esas cosas. Así que, ojo al dato ;)

Hablando de manillares y de seguridad, los tapones de los puños no son un elemento meramente decorativo, sino de seguridad, para evitar lesiones mayores si algún día nos damos con el canto del manillar tras una caída, por ejemplo, en el abdomen. Con el tiempo se deterioran o los perdemos; reponerlos, que son importantes.

¿Qué elementos aparecen en la foto de portada? Por si os lo preguntáis, tenemos un manillar RaceFace Turbine 3/4″ Riser, de 725 mm pensado para un uso Trail/AM, una potencia también RaceFace Turbine a juego con el manillar, de 70 mm y 6º, y unos puños RaceFace Half Nelson con bloqueo con tornillo y de bajo perfil.

Importancia de cambiar un casco golpeado

Hay mucha gente que aún sobrestima la importancia de usar casco cuando monta en bici (o moto, patines, etc.), aunque en los ciclistas habituales este es un hecho ya casi anecdótico: hay que usar casco siempre. Lo que aún sigue siendo menos frecuente, y muy preocupante, es que mucha gente piensa que un casco es para siempre, a menos que se vea roto. Error fatal: todo casco que haya recibido un impacto, ya no sirve. Incluso si se nos ha caído al suelo de las manos, con contundencia, puede haberse visto afectado. La razón es que la espuma que lleva el casco para absorber los impactos sólo funciona una vez.

Mejor, como siempre, verlo mejor que leerlo. Fijaos a partir del minuto 1:45 del siguiente vídeo:

Aquí podemos ver algo tan sensible como puede ser nuestro cerebro: un huevo. La primera vez que el huevo cae, con una espuma en buen estado, el huevo no se rompe. La segunda vez, con la espuma previamente dañada, es como si el huevo hubiese caído sin protección alguna. Así funciona un casco, una vez dañado, es como no llevarlo, por muy bien que luzca.

Para terminar, recordar que un casco debe ser justo de nuestra talla; según lo ponemos, no debe apretarnos ni quedarnos muy flojo. Medir nuestro contorno craneal es muy fácil, con una cinta métrica o un cordón podemos hacerlo, y así sabremos bien qué talla necesitamos. Aún así, en la tienda, nos lo probaremos a conciencia. Yo mismo llevaba un casco algo grande para mi medida y siempre se me iba desplazando aunque lo llevara ajustado, lo cual era molesto y poco seguro. Pues bien, tenemos un casco a nuestra medida: ya sólo nos queda ajustarlo bien, y aquí tenemos un vídeo perfecto que nos lo explica. Nos preparamos ¡y a disfrutar!

El peligro de las pantallas planas

Hace tiempo que las pantallas planas han dejado de formar parte del mundo geek y han pasado al usuario común, a la mayoría de los hogares, bien sea en forma de televisor, monitor de ordenador o pantalla de móvil.

Sin embargo, la mayoría de los usuarios nunca se leerá los manuales, donde se especifica claramente el peligro y toxicidad extrema del cristal líquido que va en el interior de estas pantallas, líquido que no se debe tocar nunca con la piel, ¡ni siquiera con la ropa!, en caso de rotura de la pantalla, ya que se absorbe por la piel y pasa al organismo.

En el caso de los móviles, se especifica que no se ha de usar una pantalla que haya resultado dañada de algún modo, aunque solo parezca ligeramente agrietada, pues el líquido podría llegar a la piel en cantidades pequeñas, sin darnos cuenta.

La Wikipedia lo cuenta así: ” Los cristales líquidos del interior de la pantalla son extremadamente tóxicos. No deben ser ingeridos, o tocados por la piel o la ropa. Si se producen derrames debido a que la pantalla se agrieta, lávese inmediatamente con agua y jabón.” Esto es, más o menos, lo que también cuentan los manuales de cualquier dispositivo que incorpore una pantalla plana con cristal líquido.

No estaría de más que esta toxicidad la avisaran claramente con una etiqueta bien visible al desembalar uno de estos trastos, pero, ya que al menos lo sabemos por nuestros propios medios, tenedlo en cuenta, sobre todo con especial atención a los más pequeños de la casa.

Consejos básicos para evitar caídas en bicicleta

[ACTUALIZACIÓN: este post se ha movido a una nueva versión aquí, en MTB Segura]

[Actualizado: 9/02/14]

Hoy quisiera transmitir algo de mi experiencia circulando en bicicleta desde el 2007, a fin de intentar prevenir algún desagradable accidente por caída indeseada.

No voy a hablar aquí, sin embargo, de temas de ergonomía ni de seguridad en general. Vamos a centrarnos en riesgos potenciales que, a veces, sobre todo como novatos, no nos damos cuenta de ellos y nos pueden llevar al suelo. Varios de estos casos me han sucedido, sin graves consecuencias, por suerte. Creo que hubiera estado bien haber tenido acceso a una lista como esta cuando empecé con la bici.

Antes de nada, comenzaremos por la revisión básica de nuestra bicicleta antes de salir. Hay cosas básicas que nunca deben faltar, tales como:

  1. revisar la presión de las ruedas. En la bicicleta, la presión baja bastante entre salida y salida. Muchas veces, a ojo, puede parecer correcta la presión y, sin embargo, estar por debajo del mínimo. El agarre en curva depende mucho de la correcta presión de los neumáticos y, en MTB, una presión muy baja puede provocar un destalonamiento del neumático o un pinchazo de la cámara por pinzamiento.
  2. cadena lubricada. Una cadena sin aceite nos puede romper durante la ruta (aparte de que se estropea antes). No cuesta nada echarle aceite de teflón antes de salir, si vemos que está reseca.
  3. comprobar los cierres rápidos. Habitualmente, tenemos cierres rápidos en las ruedas y en el sillín. Si tenemos niños en casa, tal vez se les haya ocurrido abrirlos. Si hemos sacado la rueda para cualquier cosa, se nos han podido olvidar abiertos. Echarles un vistazo antes de salir tampoco cuesta nada.
  4. revisión de amortiguador y horquilla. Las barras han de comenzar la ruta limpias y, a poder ser, hidratadas con una gota de aceite de teflón, para ayudar a que no se vayan desgastando con el rozamiento (en Fox, por ejemplo, es imperativo su cuidado). Si tenemos sistemas de aire, también conviene revisar las presiones.

Y ahora, vamos a ver si conseguimos enumerar la mayor parte posible de los peligros potenciales en ruta.

Circulando en carretera y bicicleta en general

Lo peor que nos puede pasar es sufrir una caída en carretera, rodeados de tráfico, y resultar ser atropellados por un conductor de esos que no respetan los márgenes de seguridad, que son… la mayoría. ¿Cuáles son los riesgos potenciales de las carreteras para las caídas? Voy a enumerar los riegos que se me ocurren.

a. Pequeñas grietas/desniveles longitudinales (5-10cm de altura en adelante) en la calzada o en los bordes del asfalto. Los desniveles longitudinales son un horror cuando los pillamos con cualquier rueda, sobre todo a baja velocidad, y no hacen ángulo recto con nuestra bici, pues nos desestabilizan por pinzamiento y/o resbalón de la rueda. Según la velocidad, el ángulo soportable por la bici será mayor o menor antes de lanzarnos al suelo. Aquí encontramos grietas profundas en el asfalto, alcantarillado mal puesto, bordes del asfalto con la tierra, aceras, etc. Es fácil verlo así: si vamos a subir a una acera o bajar de ella en perpendicular, nos resultará bastante sencillo. Si vamos al borde de una acera y pretendemos subir a ella prácticamente en paralelo, seguramente nos patinará alguna rueda contra el borde, seguramente la trasera, y nos mandará al suelo. Si circulamos al borde de una acera y nos pegamos demasiado, la rueda delantera puede pinzarse con el borde de la acera y mandarnos al suelo igualmente. Lo mismo, pues para cualquier desnivel longitudinal o que no haga 90º con nuestras ruedas. Si circulamos demasiado al borde del asfalto con la tierra, puede que en un despiste la rueda delantera se nos vaya a la tierra, y con el desnivel la hemos liado. No hay que circular por el medio de la vía con la bici, pero tampoco demasiado al borde.

b. Gravilla, arenilla u obstáculos imprevistos bajando en curva. Cuando bajamos con algo de velocidad y vamos por el borde de la carretera sufrimos un gran riesgo, pues en muchas curvas no vemos lo que se nos viene encima, como gravilla en medio de la curva o algún perro o gato que nos salga de la nada. Si vamos con velocidad en curva y nos aparece gravilla, frenar seguramente nos hará patinar y caer (e incluso sin frenar, si la curva es cerrada). Por tanto, lo mejor en bajada ante las curvas es reducir la velocidad, echar un vistazo rápido atrás (siempre con el frente despejado y llano) y verificar que no viene ningún vehículo para meternos al medio del carril. Así, tomaremos la curva en un asfalto normalmente en mejores condiciones y con más visibilidad, para una vez superada ésta, volver al arcén. Si no es posible irse al medio del carril porque hay tráfico, reduciremos la velocidad de marcha lo que sea necesario para tomar la curva por el borde con seguridad, según sea esta más abierta o cerrada.

c. Con terreno deslizante, como arenilla, mucho ojo con el freno delantero.

d. Roturas de cadena. A veces, las cadenas se rompen, y cuando rompen, solemos caernos porque se nos descompensa el cuerpo. Una caída tonta por rotura de cadena puede acabar muy mal en carretera, por tanto, procuraremos evitarla lo máximo posible. ¿Cómo? Sobre todo en subida, la presión ejercida sobre la cadena es mayor que llaneando o bajando, y a veces incluso nos ponemos en pie. Eso es mala idea en cuanto a que a mayor tensión de la cadena, mayor riesgo de rotura. Lo mejor en subida es tratar de ejercer poca fuerza sobre los pedales, y por tanto sobre la cadena, y no levantarnos del sillín. Para ejercer menos fuerza sobre la cadena, podemos reducir marcha y pedalear con mayor cadencia. Pedalear muy lento subiendo es lo que más fuerza nos hace ejercer sobre la cadena (ya nosotros nos damos cuenta) y es lo que más nos puede hacer caer si hay rotura. Al pedalear con una cadencia mayor, ya nosotros mismos notamos que ejercemos menos presión, y, además, ante una eventual rotura, no notaremos tanta descompensación encima de la bicicleta.

e. Pinzamiento entre ruedas de dos bicicletas. Un motivo recurrente de caída, sobre todo entre novatos, es el pinzamiento entre ruedas de dos bicicletas. Cuando circulamos con compañeros hay que recordar SIEMPRE mantener un buen margen de seguridad entre bicicletas, mínimo 3 a 5 metros, para evitar provocar un pinzamiento, que nos mandará al suelo a nosotros y al compañero. Además, el margen de seguridad nos debe permitir frenar si el compañero de delante se cae o se detiene inesperadamente, sin que lo lleguemos a alcanzar.

f. Bajar apoyados en los cuernos del manillar. Los cuernos están muy bien para ayudarnos en las subidas, pero en bajada uno nunca se debería apoyar en los cuernos, pues ante una requerida frenada de emergencia, estamos muy lejos de las manetas de freno.

g. Circular muy pegados a los vehículos estacionados. Un vehículo estacionado siempre se puede poner en marcha o bien se puede abrir una puerta de improviso. Incluso nos puede salir un gato de debajo de alguno. Circularemos con mucha precaución cerca de los vehículos estacionados y lo más alejados de ellos que nos permita el tráfico. En ciudad, si hay varios carriles por sentido, irnos al medio de un carril no es demasiada mala idea. Además, a veces vamos al ritmo del tráfico. Por otro lado, si hay dos carriles por sentido y nos pegamos mucho a los vehículos estacionados, los coches nos adelantarán demasiado pegados a nosotros. Es mejor, por tanto, “obligarles” a que nos dejen margen de seguridad al lado y nos adelanten directamente por el otro carril. Si vamos subiendo a baja velocidad, podemos acercarnos más a los vehículos estacionados para no entorpecer demasiado el tráfico, pero siempre atentos a posibles aperturas de puertas o arranques inesperados, fijándonos, por ejemplo, si hay gente dentro del coche estacionado.

h. Nunca desviar la vista del frente demasiado tiempo. Muchos ciclistas echan vistazos a sus compañeros que se han quedado atrás o a los cambios o ruedas, para comprobar… ¡quién sabe qué! durante un tiempo demasiado largo. Echar un vistazo rápido atrás no está mal para ver si nos precede algún vehículo cuando tenemos, por cualquier razón, que desviarnos de nuestra ruta e invadir la calzada. Pero esto siempre hemos de hacerlo a baja velocidad, con un firme en buen estado y llano por delante, y de manera muy rápida. Quedarnos uno o varios segundos viendo hacia otro lado que no sea el frente, es mala idea. Además, la bici se desvía cuando no vemos al frente, no como cuando vamos en coche, que mantiene su ruta. Cuando queramos ver qué pasó con nuestros compañeros o comprobar algo en la mecánica de la bici, debemos pararnos en lugar seguro y bajarnos de la bici, si es necesario.

i. Si usamos pedales con calas o algún tipo de sujeción al calzado, debemos familiarizarnos bien con el sistema antes de salir al tráfico aglomerado. Si el sistema tiene niveles de presión, regularlos en el nivel más blando al principio.

j. Evitar “ir a tope” y detenerse repentinamente, bien por un paso de cebra, un semáforo, etc. Rodar a un ritmo excesivo no es muy saludable, pero lo peor es ir a tope y parar de golpe, pues hay mucho riesgo de desvanecimiento. Por eso, si vamos un poco forzados y prevemos que nos vamos a tener que detener en un semáforo o similar, aminoraremos el ritmo de manera paulatina, para que el cuerpo se vaya adaptando y pase de una situación de esfuerzo a una de reposo adecuadamente.

k. Superar las fobias a los bichos. Esto, que puede parecer lo más trivial del mundo, representa un grave problema para ciertas personas, tanto vayan en coche como en moto como en cualquier otro vehículo. Hay gente que tiene pánico a arañas, saltamontes, abejas, etc., y es ver un bicho de estos al lado y perder los nervios y el control, con el gravísimo peligro que ello conlleva. Si vamos en bici o en coche (u otro) y vemos una araña (o pon aquí tu bicho más odiado) enorme y fea que nos sube por un brazo, o notamos algún bicho que se nos ha subido a la cara (bastante probable en montaña), tenemos que mantener los nervios de acero, la calma total, hasta detenernos, y entonces, ya sin peligro, tratar de quitárnoslo de encima con mayor o menor paciencia. Por tanto, si tenemos alguna fobia concreta que nos pueda hacer perder los nervios y el control del vehículo, es mejor tomarse un tiempo de concienciación hasta que estemos preparados, porque un bicho como mucho nos picará, pero una salida de carril nos puede llevar la vida consigo, o la de otras personas. ¿Qué es una picadura al lado?

l. Evitar el agotamiento. Es habitual, sobre todo como novatos, no calcular bien los límites de fuerza de que disponemos para el camino, de manera que apretamos mucho cuando vamos frescos y terminamos la vuelta de regreso exhaustos. Con ese nivel de agotamiento, las caídas se producen de la forma más tonta y, además, nos arriesgamos a sufrir un desvanecimiento. Así, lo ideal sería empezar con rutas cortas, de media a una hora, sin forzar el cuerpo durante el camino, ahorrando energías (muy recomendable llevar una barrita energética o alguna fruta o así por si la necesitamos durante la ruta, así como tomar algo justo antes de comenzar el viaje; a mí me funciona muy bien un plátano antes de salir de casa), e ir subiendo paulatinamente la duración hasta las dos horas, duración recomendada de una buena vuelta en bici, y el ritmo. Por otro lado, sea cual sea nuestra condición física, hay que comenzar calentando durante los primeros minutos de cada salida en bici. Si comenzamos tirando fuerte al inicio porque nos encontramos con fuerzas, el agotamiento llegará enseguida y tendremos una salida más arrastrada físicamente. Hay que calentar bien durante los primeros veinte minutos (dependerá del clima), con desarrollos cortos y alta cadencia de pedaleo, hasta alcanzar nuestro nivel cómodo de temperatura, momento en el que podremos tirar con tranquilidad. Especial cuidado debemos tener cuando toca comenzar la salida con subidas: tranquilidad, pese a que estemos llenos de fuerzas.

m. Usar gafas. La mayoría de las gafas que se venden para bicicleta tienen tres tipos de cristales: oscuros para el sol, en tono amarillo para el atardecer y transparentes para la oscuridad y usos diversos; vamos, adaptadas a poder llevarlas en todo momento. Esto se debe a que, aunque en subida las gafas no tienen efectos aparentes en la seguridad, llaneando a velocidad y en bajada son un equipamiento fundamental. Bien por gravilla que nos tiran los coches o el compañero de delante a los ojos, barro por nuestra propia rueda delantera, o por abejorros, moscones, etc., que pueden impactar a alta velocidad contra nuestros ojos (cosa bastante frecuente), las gafas son más que deseables, ya que estas situaciones nos pueden hacer perder el equilibrio, aparte de producirnos gran malestar o incluso heridas debido a lo sensibles que son los ojos.

n. Viento lateral, rebufo de camiones. A menudo, un ciclista novato (e incluso experimentado) obvia el grave problema del viento que nos azota lateralmente. En varias ocasiones he sufrido “volantazos” a manos del manillar que me han desviado de mi ruta a causa de un viento lateral de fuerza inesperada, y, más recientemente, el mismo efecto causado por el fuerte rebufo que produjo un camión que pasó a mi lado a unos 70 km/h, y que me atrajo hacia sí con suficiente fuerza como para desestabilizarme. Bien, lo mejor ante estos casos es, como siempre, extremar las precauciones y disminuir la velocidad. No es mala idea, al menos en el caso de que veamos que nos sobrepasa un camión o autobús a “gran” velocidad, inclinar ligeramente el cuerpo haciendo contrapeso hacia el lado opuesto y sujetar el manillar con firmeza, a fin de que un posible rebufo no logre atraernos hacia sí. No es mala idea, tampoco, alejarnos lo máximo posible del tráfico hacia el borde de la carretera, a fin de que el rebufo creado por el vehículo pesado que nos adelanta nos atrape con menos intensidad. En caso de un viento moderado/fuerte durante la ruta, tendremos en cuenta estas precauciones durante todo el trayecto, sin otorgarle confianzas, que en el momento menos pensado nos va azotar lateralmente con contundencia.

o. Gatos y perros. Los gatos son unos animales con una extraña afición: cruzar la carretera justo cuando pasas. Es más, un gato que está cruzando la calle y ya está llegando al otro extremo cuando pasas, tiende a dar media vuelta y volver a la cuneta de la que salió antes que apartarse hacia la que está llegando. En cuanto a algunos perros, tienen la afición de perseguirte ladrando al lado de tus pies. Mantén la calma, pues no te van a morder (en general); es más perjudicial que te desestabilices y te caigas, pues entonces llevarás la caída y, si el perro era agresivo y te iba a morder, entonces la liaste. Cuidado con ambos tipos de animalitos.

p. Conocimiento de nuestra bici. Cuando llevamos unos cuantos kilómetros con nuestra bici, empezamos a conocer “como suena” y como va. Hay que prestar especial atención a todos los ruídos y sensaciones extrañas que nos transmita y que no nos había transmitido con anterioridad, pues a menudo son síntoma de algún componenete que comienza a fallar o romper y que nos podría mandar al suelo en breve. Por ejemplo: un derrape o movimiento extraño, sobre todo en curva, es la situación más normal que nos encontraremos, y nos avisa de un neumático pinchado que está perdiendo aire y pronto perderá la total adherencia; un ligero fallo en las pastillas de freno puede estar diciéndonos que han deslizado dentro del mecanismo del freno y que, en breve, van a salir por los aires y nos quedaremos totalmente sin frenos; una vibración extraña nos puede avisar de un tornillo flojo que se va a caer. Pues eso, atención a lo que nos comunica nuestra compañera de viaje.

q. Mecánica reciente. Hay gente que siempre lleva la bici al taller y gente manitas que siempre hace los cambios/ajustes oportunos en casa. Tanto una cosa como otra, cuando hemos hecho algún cambio importante a nuestra bici, conviene prestar atención, sobre todo en la primera salida, por si algo no hubiese quedado debidamente apretado o ajustado, especialmente si somos novatos en el tema de la mecánica de bici y nos hemos puesto manos a ello nosotros mismos. Ruedas, frenos, manillar/potencia/dirección, pedales, bielas… son temas en los que, un tornillo flojo, es algo a temer. Cambios, platos, piñones… son menos traumáticos. Por tanto, hecho un ajuste o cambio reciente en algún elemento vital, especialmente si hemos cambiado varias cosas en la bici a la vez, requiere un tiempo de prueba antes de meterle caña a dicho elemento, no vaya a ser… Salir una o dos veces con tranquilidad y comprobar después su correcta fijación es recomendable para evitarnos “sorpresas”.

r. Cambios recientes. Esto es más visible en bicicletas de montaña que en carretera. Es posible que llevemos tiempo con nuestra bici y nos hayamos acostumbrado a ella y a su forma de subir y bajar por el terreno. Hemos cogido seguridad en el rodaje. Pero un buen día cambiamos de bicicleta, o, simplemente, cambiamos de pedales, o de manillar, por uno más alto o ancho; o incluso, hemos cambiado los neumáticos. Cuando cambiamos algo importante en nuestra bicicleta, hay que darle un tiempo para acostumbrarnos. Si es referente a la postura, nos encontraremos diferentes, raros, con las novedades introducidas, y, especialmente en bajadas, nos puede causar algún susto si queremos mantener el ritmo de rodaje con la seguridad previa que ya teníamos ganada. Si cambiamos de neumáticos por unos de taqueado distinto, a veces responden diferente a lo que ya conocíamos ante terreno deslizante. A veces van mejor, pero a veces peor. En general, hay que darle un tiempo a las novedades para volverles a pillar el punto.

s. Circulando con lluvia. No hace falta decir lo de extremar las precauciones con lluvia, etc. etc., pero sí recordar los puntos conflictivos, esos que muy bien conocen los motoristas. Las pinturas en la calzada, de pasos de peatones, etc., se convierten en una trampa resbaladiza con agua, así como las tapas de metal de alcantarillado y demás. Sólo el asfasto se salva, y aún así, con las primeras lluvias, está aceitoso y también puede hacernos patinar bastante. Mucho ojo por donde tomamos las curvas con lluvia.

Así que, de lo que se trata en carretera, es de no invadir nunca la calzada de manera imprevista. Nunca nos hemos de desviar de nuestra línea imaginaria marcada hacia el interior de la vía ni tan sólo medio metro, pues los coches y camiones nos acechan en todo rato y el viento en las orejas suele impedir incluso que los oigamos antes de tenerlos encima. Concienciaros siempre de que, en caso de que en alguna ocasión sea imposible evitar una caída en carretera, durante ese breve lapso de tiempo en que aún tengáis la opción de elegir hacia que lado caer, tener la predisposición y hacer todo lo posible por caer hacia la cuneta o acera, NUNCA hacia el lado del tráfico; hacedlo como si os fuera la vida en ello.

Circulando en montaña

En montaña, las pequeñas caídas no suelen revestir gravedad, ya que no hay ningún vehículo pesado que nos vaya a atropellar por ello. Lo que debemos evitar son las caídas a cierta velocidad. Para ello, aparte de los temas mencionados anteriormente, en principio sólo debemos:

a. bajar con prudencia a causa del terreno resbaladizo típico montañero, no apurar las frenadas en curvas ni tomarlas a demasiada velocidad, bien por riesgos de resbalones al frenar o por los más que comunes animales en medio del camino.

b. prestar atención a los palos sueltos en el terreno, que se nos pueden enredar en las ruedas y liarnos una buena.

c. tener mucha precaución con los terrenos pedregosos y/o poco uniformes. Para pasar por estos, nos apoyaremos sobre los pedales, con el cuerpo en pie, ya que esto ayuda a mantener la estabilidad y se absorben mejor las irregularidades del terreno. Es importante familiarizarse con los pedales con cala, que al principio parece que es un rollo inseguro, pero en cuanto vamos por un par de terrenos irregulares veremos cuanto nos ayuda que el pie no se nos vaya fuera del pedal, lo que es trompazo casi seguro al ir en pie. Además, acostumbrarse al sistema no lleva mucho tiempo. Aún con calas y todo, con una gran vibración el pie se nos puede ir fuera de su sujeción y del pedal. Para evitarlo todo lo posible, nos “agarraremos” a la bicicleta con las piernas mientras vamos en pie, si vemos que es necesario.

d. atrasar el cuerpo, y con ello el centro de gravedad, en bajadas pronunciadas, especialmente ante desniveles tipo escalones, y tocar poco o nada el freno delantero según las condiciones del terreno. Con atrasar el cuerpo quiero decir levantar el culo del sillín y desplazarnos hacia atrás de éste, manteniéndonos así “colgando” sobre la rueda trasera. Es muy conveniente bajar el sillín en estas situaciones, si lo llevamos muy subido, pues el riesgo de dar una voltereta por encima del manillar es alto; basta con un mínimo palo, piedra, raiz, etc., que nos encontremos con la rueda delantera, mientras vamos en una posición muy adelantada sobre el centro de gravedad, para acabar de morros y rodando por los suelos en la pendiente. Con todo, es muy importante no atrasar el cuerpo demasiado encima de la bici, pues si nos apoyamos en exceso sobre la rueda trasera, la rueda delantera quedará sin tracción y no seguirá nuestras órdenes.

e. No tomar bajadas complicadas (pedregosas, raíces, trialeras, etc.) con agotamiento de piernas. Si falta “fuelle” tras una larga ruta o tras una subida difícil, o tras tiempo sin salir (o no haber salido anteriormente) deberíamos evitar cualquier bajada complicada, pues si las piernas están agotadas, ni bajaremos con seguridad ni nos responderán bien ante el terreno.

f. Los cuernos están bien para una bici de montaña con propósito XC tranquilo y/o que también ruede mucho por carretera. Pese a que nos ayudan es las cuestas de carretera y en las cuestas leves de montaña, deberíamos evitar usar los cuernos en las cuestas difíciles de montaña, pues la rueda delantera se levanta y perdemos el equilibrio. En las cuestas difíciles es mejor llevar bien asentada la rueda delantera (la trasera por supuesto), y los dedos en los frenos, pues si nos patina la rueda trasera con las piedras o por baja velocidad por agotamiento, frenamos la bici y ponemos un pie en el suelo sin complicaciones. El problema está en que nos patine la rueda de atrás y la bici se nos vaya para atrás antes de conseguir poner el pie en el suelo. Levantarse sobre los pedales para subir este tipo de cuestas complicadas con piedras tampoco es recomendable, pues la rueda trasera patinará más que otra cosa.

g. Como bien apunta el comentarista anónimo, cuando bajamos, sobre todo por terreno inestable, hay que mantener el cuerpo en lo que se denomina “relajada tensión”. Hay que absorber las irregularidades del terreno, pero controlar la bici en todo momento. De manera especial, hay que prestar atención al manillar. Éste intentará desviarse a la primera de cambio, por acción de piedras o raíces, y hemos de mantenerlo derecho en la línea que queremos seguir, sujetándolo con firmeza en todo momento, pero sin llevar los brazos rígidos. Llevar un manillar ancho ayuda sobremanera en esta tarea.

h. Cuando nos encontramos subiendo una cuesta empinada en terreno resbaladizo y nos hemos detenido, hay que cuidar el arranque. Dar un “golpe de pedal” y querer subir el culo después al asiento, suele ser mala idea; la rueda trasera patinará, puede que nos golpeemos contra el sillín, y encima nos caeremos por desequilibrio. Lo que hay que hacer es buscar un punto alto (una piedra, un resalto, etc.) donde apoyar bien el pie, y colocar el cuerpo bien asentado con la bici en vertical, para arrancar con apoyo en la rueda trasera, con tracción, y sin usar los cuernos para intentar hacer más fuerza, pues puede que se nos levante la rueda delantera y perdamos el equilibrio.

i. La montaña es un terreno exigente. Al principio, nuestro cuerpo lo pasa mal con la primera irregularidad que se presenta en el camino; las piernas nos vibran y se nos cansan enseguida; los brazos se nos estresan; la espalda sufre. No podemos intentar hacer el primer día lo mismo que hace la gente más veterana. El cuerpo necesita hacer muchos kilómetros por montaña para endurecerse a sus condiciones. Con el tiempo, brazos y piernas dejarán de sufrir y comenzaremos a disfrutar plenamente la montaña. Con el tiempo, ya no notaremos tortuoso el pedalear por terreno irregular ni iremos inestables en las bajadas; los brazos aguantarán firme el manillar sin agotarse. Nuestro equilibrio mejorará, así como nuestra templanza y confianza ante los terrenos sueltos y escalonados, y aunque una rueda nos resbale, conseguiremos mantenernos en pie. Recomiendo practicar a posta las dificultades a medida que nos ponemos en forma. Practicar poco a poco el equilibrio, el subir por terreno pedregoso y escalonado, el coger confianza bajando. Por ejemplo, si un camino es llano subiendo pero tiene una pequeña parte de piedras sueltas, intentar subir por ella en vez de por la parte llana, añadiendo cada vez más dificultad. Así, cuando no nos quede más remedio que enfrentarnos a esos caminos a todo lo ancho, ya estaremos preparados.

j. Circulando con lluvia / (tras) tormenta. Igual que en carretera, con lluvia hay que extremar precauciones. Esos lugares por los que habitualmente bajamos tan tranquilos, se volverán resbaladizos, comenzando, claro, por el barro. Pero, más concretamente, se volverán autenticas “pistas” deslizantes: piedras lisas y madera en general. Especial atención a los palés y tablas dispuestos a modo de rampa a lo largo de muchos trazados. Si hay o acaba de haber tormenta con vientos fuertes, estará todo el camino plagado de ramas, cortezas y demás restos de maleza y árboles, lo que implica un gran riesgo de agarre para la rueda delantera, o de atravesamiento de rama en los radios.

Esto es lo que se me ocurre por ahora, así que, para finalizar, os invito a completar esta lista con vuestras sugerencias, que serán muy bienvenidas.

¿Es tan seguro mi GNU/Linux?

Un tema del que estoy bastante harto es del de las “violentas” discusiones tipo usuario de Windows contra usuario de Linux a ver quien lo tiene más… seguro (el sistema operativo, se entiende).

Como usuario habitual de Linux, me gustaría dar mi visión personal.

Primero. Creo que acerca de qué sistema es más seguro es un tema del que sólo un buen y experimentado hacker podría hablar con conocimiento de causa. Además, no me cabe ninguna duda de que rebentaría la seguridad de cualquier sistema operativo de escritorio sin apenas despeinarse, sea uno u otro.

Segundo. Como usuario de Linux, ¿me siento seguro ante ataques? Ciertamente, no. Vale que sí, me siento seguro contra virus y malware en general, pues, para empezar, la inmensa mayoría no está creado para ejecutarse sobre mi sistema operativo, aparte de que sí creo que el sistema tiene menos predisposición a padecer este tipo de males. Ahora bien, no puedo más que rezar porque ningún hacker o cracker desee atacar el PC que se encuentra tras mi IP, bien sea para copiar/borrar información, para instalar un keylogger o cualquier efecto indeseado, pues me temo que dará igual que use un firewall, que lo tenga configurado con denegación de conexiones entrantes o que no responda a los pings, porque me parece más que probable que mi sistema vea su seguridad comprometida.

Sí, vale, tengo la sensación de estar un poco más protegido que en Windows, pero tampoco mucho más. Si he elegido Linux como sistema operativo no ha sido por temas de seguridad.

A los usuarios de Linux: no ser tan inocentes ni tan rayantes con la seguridad de nuestro bien querido sistema operativo. Ni los servidores más seguros, con sus propios sistemas dedicados de firewall y sus técnicos dedicados a supervisar los ataques consiguen a menudo eludirlos, por mucho que ejecuten el Linux más avanzado, estable y seguro. Basta con ver una muestra reciente. Cuanto más en un PC de escritorio. Y otro tanto a los usuarios de Windows, por supuesto.

La única ventaja en seguridad de Linux que veo, de cara a servidores, es la posibilidad del software libre de permitir realizar un parche propio ante un problema puntual. En todo caso, en nuestro PC de escritorio, si somos víctimas de un ataque puntual, estoy seguro de que, o bien ni nos enteraremos, o bien nos daremos cuenta del ataque, pero esto será cuando ya sea tarde, tras ser conscientes de unos visibles desperfectos.

¿Y cómo puede un hacker conocer mi IP si mi firewall hace que mi equipo no responda a pings y sea “invisible” en internet? Muy sencillo: cada vez que visitamos una página web, cada vez que chateamos, cada vez que uno usa P2P, cada vez que nos conectamos a un FTP, etc. etc., nuestra IP queda al descubierto ante nuestro “interlocutor”.

¿Cuál es el problema de la seguridad? Los sistemas operativos van corrigiendo agujeros de seguridad, en Windows porque se buscan de forma masiva nuevas puertas y los buenos hackers los comunican a Microsoft, y también porque aparecen nuevas amenazas que atacan a gran escala y es posible enterarse de las vulnerabilidades y corregirlas gracias, sobre todo, a los datos provenientes del feedback de los usuarios de las aplicaciones de seguridad. En GNU/Linux hay que añadir la auditación de cógido, tarea que se realiza con menor frecuencia de la que sería deseable. Con todo, hay multitud de agujeros de seguridad sin tapar en cualquier sistema operativo, unos porque no han sido descubiertos aún y otros porque sus descubridores prefieren guardarse el secreto para usarlo en beneficio propio. Si un agujero de seguridad se explota a baja escala y se usa con usuarios sin conocimientos concretos (la mayoría), sería bastante difícil de detectar el problema y más aún de informar correctamente a los desarrolladores para crear un parche adecuado.

Podéis dudar de mis palabras, pero no creo ir muy desencaminado.

Ubuntu 10.04: cómo mostrar avisos de notificaciones sin retardo

El notificador de actualizaciones, tanto de seguridad como recomendadas, de Ubuntu 10.04, está configurado por defecto para avisarnos sólo una vez por semana si hay actualizaciones, aunque las encuentre antes. Sin embargo, en la mayoría de los casos, los usuarios de GNU/Linux prefieren “sufrir” los avisos más a menudo e instalar las actualizaciones en cuanto están disponibles.

Lo que tenemos que hacer para que el gestor de actualizaciones nos avise en cuanto encuentre algo nuevo es lo siguiente.

Primero, pinchamos con el botón derecho encima del menú del panel de aplicaciones y seleccionamos “Editar los menús”.

A continuación, nos vamos a “Herramientas del sistema” y marcamos el “Editor de configuración”.

Ahora vamos al menú “Aplicaciones – Herramientas del sistema” y abrimos el programa del “Editor de configuración”. En el, buscamos en la sección “apps” la subsección “update-notifier”, y, pinchando con el botón derecho sobre “regular_auto_launch_interval”, editamos y cambiamos el valor de 7 por 0.

7 es el número de cada cuantos días se nos avisará de que hay nuevas actualizaciones para el sistema. Podemos poner más o menos días, y 0, en este caso, que significa que nos avise en cuanto encuentre algo nuevo, sin demora.

Configurando el Comodo Firewall

Hace ya medio mes que abandoné el ZoneAlarm, que tantos años me acompañó, en pro del Comodo Firewall, un programa mucho menos pesado para el equipo y que me parece más completo en versión gratuita.

Ahora bien, la configuración que trae por defecto no me gusta, así que os propongo una configuración diferente, explicado el porqué.

Una vez instalado el programa (basándome en una instalación del cortafuegos + seguridad proactiva, sin antivirus), me molestan un par de opciones, que serán las que cambiaremos.

Si abrimos la pantalla del Comodo Firewall nos encontraremos con dos valores para Network Defense y Proactive Defense. Ambos están situados en modo Safe por defecto. Pero resulta que el firewall en modo Safe permite automáticamente conexión a internet a todos los programas que se han incluido en una lista de software seguro. Esto no me hace gracia, pues hay varios programas que utilizo, que son “seguros” y que intentan conectarse a internet y van a estar permitidos, pero son programas que yo no quiero que se conecten a internet, ya que para cumplir su función no necesitan tal cosa. Esto se resuelve poniendo el cortafuegos en modo Custom Policy Mode. Activada esta opción, el programa nos pregunta si permitimos o denegamos cualquier programa que intente acceder a internet, al igual que ocurría con ZoneAlarm.

El otro detalle es la configuración de Defense+. Este elemento parece un buen protector del sistema. Así, nos avisa cuando un programa no reconocido intenta modificar algún archivo o carpeta importante, o cuando éste intenta conseguir derechos que no tiene. Por defecto, en el modo Safe, nos va a marear sobremanera con alarmas  de accesos sospechosos. Recomiendo cambiar esta configuración, pero sí (y sólo sí) acabamos de reinstalar el sistema y estamos seguros de que hemos hecho una instalación limpia de malware. Así, Comodo Firewall admite el modo Clean PC Mode para Defense+. Lo que hará este modo será reconocer que todo el software instalado en el equipo está limpio, por lo tanto no nos mostrará alertas de seguridad acerca de las actividades normales que realizan los programas que usamos a diario, y se limitará a avisarnos sólo ante programas nuevos que se introduzcan (voluntaria o involuntariamente) en el ordenador a partir de ese momento y que intenten ejecutar alguna acción considerada de riesgo. Aunque si has instalado Comodo Firewall en un ordenador que lleva tiempo sin reinstalar, es posible que sea mejor dejar el Safe Mode activado, por si acaso el disco duro ya está infectado por algún tipo de malware, para que nos avise más convenientemente acerca de la seguridad del equipo.

Adiós, ZoneAlarm; hola, Comodo Firewall

Durante años he sido usuario del cortafuegos ZoneAlarm, pero la versión 9 es altamente pesada para el sistema, hace que tarde un montón en cargar, lo que unido a un par de cosas más, me ha llevado a buscar una alternativa.

Tras buscar un poco, encontré un cortafuegos de la mano de Comodo. La versión gratuita me parece mucho más completa que la versión gratuita de ZoneAlarm; así es que ofrece una suite con cortafuegos, antivirus y seguridad proactiva (aunque se pueden instalar por separado, y el antivirus sigue siendo preferible uno más especializado).

Una vez instalado, comienza a notarse la presencia de lo que llaman “seguridad proactiva”. Así, aparte del cortafuegos, el  programa de seguridad analiza los procesos del sistema y nos avisa cada vez que encuentra que algo extraño está siendo ejecutado. Al principio, las alertas parecen demasiadas, pero el programa pronto “aprende” nuestros gustos y deja de molestarnos. Los programas más cotidianos vienen “aprendidos” de serie. Será con los programas que usamos menos conocidos cuando el sistema de seguridad proactiva hará aparición. Así, nos avisa cuando un programa intenta ejecutar otro programa no previsto, cuando un programa desconocido intenta crear o modificar archivos, ejecutar o acceder a otros procesos, cuando el navegador intenta escribir archivos no solicitados, etc. En este sentido, cuando hacemos una instalación de programas, el sistema de avisos nos puede volver locos. Es por esto que el programa incluye una útil función de pasar a “Modo Instalación” para estos casos.

El programa principal nos muestra mucha más información que la que mostraba el ZoneAlarm. Así, podemos conocer todos los programas y conexiones abiertas con internet en cada momento, cuantas de ellas están activas, y todos los programas que se están ejecutando en memoria, por ejemplo.


Sinceramente, como cortafuegos gratuito, me parece una opción muy recomendable.

Usuario de Hotmail intenta averiguar su propia contraseña en una lista de cuentas robadas

Antes de nada, decir que este post no pretende hacer mofa del usuario en cuestión.

Hoy leí algo que me resultó tan gracioso que no puedo dejar de comentarlo.

Todo viene a raíz de lo que ha sido una de las noticias más interesantes de los últimos días. Resulta que alguien ha hecho públicas miles de direcciones robadas por phishing de los servicios de correo más populares (Hotmail, Gmail, Yahoo, etc.).

El caso es que, leyendo unos comentarios sobre la misma, me encontré con el comentario número 9 realizado por alguien que se hace llamar “falbalo”.

En dicho comentario, falbalo comenta que tuvo la esperanza de que su antigua dirección de Hotmail apareciese en esa lista de direcciones robadas para poder recuperarla, pues le había puesto una contraseña demasiado difícil y se olvidó de ella, con lo que perdió el acceso a su cuenta. Se supone que tampoco la tenía anotada por ningún lado ni había dado de alta un email secundario para recuperación de contraseña en caso de olvido.

Aparte de lo gracioso e irónico de la situación, sirva ésta para hacer lo posible porque a nosotros no nos pase lo mismo. Y tened cuidado con el phishing, ¡hombre ya! El que nos roben una cuenta por hackeo es una putada, pero que el motivo del robo sea porque hayamos sido nosotros los inocentes que les hemos dado nuestros propios datos a los atacantes es para llorar.

Sobre virus y Linux

Últimamente he leído unos comentarios generalizados sobre virus y su incidencia en el sistema operativo del pingüino, a los que me gustaría responder con mi opinión.

Cita. “Linux no tiene virus.”

Respuesta. Más o menos estoy de acuerdo; si los hay, son escasos y no creo que la gente se deba preocupar demasiado por ello a día de hoy. Me preocupan más posibles ataques directos que ataques por virus.

Cita. “La diversidad hace que Linux esté a salvo de virus.”

Respuesta. Ciertamente, las diferentes configuraciones y distros disponibles dificultan un ataque coordinado de algún virus, aunque la mayoría comparten una base de herramientas, normalmente actualizadas a la última versión (kernel, GUI, etc.), cuyos agujeros de seguridad comprometerían a diferentes distribuciones a la vez.

Cita. “Un virus para Linux pediría contraseña de administrador para instalarse, de lo contrario, sólo afectaría a la carpeta “home” del usuario”.

Respuesta. El directorio personal es donde el usuario guarda sus archivos importantes, de modo que un acceso malintencionado a este lugar, bien para borrar la información o para acceder a ella sin permiso, ya sería un importante varapalo. Pero creo que es un pensamiento bastante erróneo: un virus que se precie comenzaría por realizar una escalada de privilegios en el sistema atacado y se instalaría sin llamar la atención.

Cita. “Si Windows tiene virus y Linux no, es porque Windows es un sistema operativo mal planteado desde el punto de vista de la seguridad, no por ser popular. Linux está en los servidores, y el interés por atacarlos es alto, por lo tanto también habría virus para Linux si fuese un sistema tan frágil como dicen algunos.”

Respuesta. Creo que son intereses distintos. Cada servidor tiene su propia seguridad, y matarse en crear un virus que va a ser neutralizado con rapidez no compensa. Es más interesante el ataque directo a servidores que el ataque mediante virus. Un virus es más interesante como medio de ataque automatizado que se pueda propagar a otros PCs con idéntica configuración, sobre todo teniendo en cuenta que los ordenadores de gran parte de los usuarios ni siquiera tienen firewall ni antivirus, y muchos ni actualizan sus sistemas operativos.

Cita. “Si apareciese algún virus para Linux, sería neutralizado enseguida por la comunidad de desarrolladores”.

Respuesta. Esto también ocurre con los virus para Windows a manos de las empresas de seguridad. No obstante, un buen virus puede causar estragos en unas horas, y con eso basta. Da igual que la respuesta llegue rápido, si a tu ordenador ya llega tarde. No hay diferencias en este aspecto entre plataformas.

Cita. “Los virus los crean las compañías de antivirus. De vez en cuando sacan alguno “gordo” para que la gente compre sus productos. ¿Nadie se da cuenta de que cuando sale algún virus potente siempre hay una compañía antivirus que es la primera en tener una solución?”.

Respuesta. No se puede decir a ciencia cierta qué hay de verdad o mentira en esta cita,  pero creo que está clara una cosa: si suponemos que los virus los crea gente “normal”, habrá siempre una compañía que será la primera en dar una respuesta al problema. Por otro lado tenemos el dato de que existen más virus que los que las compañías incluyen en sus bases de datos, porque no dan abasto. Más bien, van neutralizando los más relevantes. Creo que hay actividad vírica de sobra como para tener que crear virus a propósito.

¿Qué quiero decir con todo esto? Creo que hablar tanto de que Linux es tan tremendamente seguro puede causar esta idea general, sobre todo en los usuarios noveles, y no considero conveniente despreocuparse totalmente de la seguridad del sistema. Yo, como la mayoría de usuarios de GNU/Linux, me olvido de programas antivirus y productos específicos de seguridad en este sistema, no obstante, no dejo de prestar atención a las consignas básicas de seguridad: el firewall activado, precaución con las direcciones web y correos electrónicos extraños, y atento a cualquier comportamiento extraño de la máquina (mayormente ruido de disco duro) así como a si en estado de reposo hay tráfico hacia alguna dirección de internet que no debiera.