Un mes completo bajo Linux

Coincidiendo con el “Download Day” de Firefox, he cumplido yo un mes completo de vida íntegra bajo el sistema del pingüino. A través de este mes de experiencia, he aprendido y descubierto un montón de cosas. Lo último, el GNOME Do, la ayuda perfecta para despejar el escritorio de cualquier barra de tareas y maximizar así el tamaño disponible para las ventanas de aplicaciones, así como poner al alcance de un par de tecleos todas las acciones que requiramos al sistema operativo (ejecutar aplicaciones, abrir documentos o carpetas concretas sin tener que buscarlas mediante ventanas, escuchar música…).

Bajo Ubuntu 8.04, su instalación y configuración es tan sencilla como de costumbre. Abrimos menú Aplicaciones – Añadir y quitar… y buscamos gnome-do. Después, lo encontramos en Aplicaciones – Accesorios.

¿En qué consiste? Al abrir GNOME Do por primera vez nos encontraremos ante una ventana en la que deberemos escribir cosas (las siguientes veces, podemos hacerla aparecer pulsando la combinación de teclas Super<tecla de Windows>-Espacio). Según lo que escribamos, GNOME Do busca una relación en tiempo real, diciéndonos el nombre del programa buscado (documento, o lo que sea), en el cuadro de la izquierda, y la forma de activarlo en la ventana de la derecha. Para las aplicaciones pondrá Run (ejecutar). Para documentos de texto, por ejemplo, primero lo buscamos tecleando el nombre (en realidad, parte de él), y después pulsamos el tabulador para movernos a la ventana de la derecha de GNOME Do, y pulsando la tecla “abajo”, se abrirá una lista, entre la que escogeremos Open (abrir) en lugar de Run.

Si te engancha, la forma de meter la aplicación para que se ejecute a inicio de sesión es más o menos la de costumbre. Vamos al menú Sistema – Preferencias – Sesiones, y añadimos una nueva que le podemos llamar GNOME Do, y la orden será gnome-do -q, para que se inicie ocultada, en espera de que pulsemos Super-Espacio.

¿Qué ganamos con GNOME Do? En primer lugar, velocidad, y en segundo lugar, podemos quitar u ocultar las barras de tareas del escritorio, y lanzar las aplicaciones con éste (y cambiar entre ellas con Alt-Tab). Si por ejemplo, quisieramos abrir el gestor de paquetes Synaptic, en menús tendríamos que abrir el menú Sistema, dentro de él, el menú Administración, y finalmente pulsar sobre Gestor de paquetes Synaptic. Usando GNOME Do, sin tener que mover las manos hacia el ratón (primera pérdida de tiempo si teníamos las manos en el teclado), sólo debemos pulsar Super-Espacio, introducir sy y Enter. No siempre va a ser lo más rápido para todo (o igual sí, con práctica), pero ya nosotros lo usaremos cuando nos convenga.

En cuanto al mes en sí, estoy satisfecho con el cambio a software GNU, y a Ubuntu en particular. La documentación en línea y ayuda es muy completa (y hará falta si te quieres meter un poco a poner el sistema a tu gusto y configurar ciertas cosas, al igual que hacía falta ayuda en los primeros pasos con el DOS o el Windows). El sistema es estable, rápido y muy personalizable. Los repositorios: una maravilla; eso de “quiero un programa”: buscar e instalar en dos pasos, además de su auto-actualización sin que te tengas que preocupar por buscar si hay nuevas versiones. Y todo este sistema bien integrado bajo un mismo gestor de paquetes, y no cada uno por su lado. El software, sobradamente útil y potente para todas las tareas cotidianas, y también mucho y buen software para tareas específicas.

Estas son, a grandes rasgos, las sensaciones que tengo tras un mes bajo Linux. Cada uno que use lo que más le guste.

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