Cuando algo funciona, hay que mantenerlo

“Hay que cambiar siempre, renovarse o morir”, me dijo un día un encargado, cuando yo le pregunté por qué habían empeorado mi puesto de trabajo que antes estaba bien, y con un cambio que no suponía mejora para la producción ni calidad, sino, simplemente, que ellos pensaron que para mí sería más cómoda la nueva forma de trabajar.

“Pero, ¿de qué me hablas?” Pensé yo.

Vamos a ver, en cualquier ámbito de la vida, hay cosas susceptibles de mejorar, y, algunas, necesitan un cambio completo para hacerlo. Pero hay cosas que funcionan bien tal y como están, o, en cualquier caso, con pequeñas mejoras, sin cambiar radicalmente la forma en que funcionan. En esos casos, no hay que renovarlas imperativamente; es más, creo no se debería hacer.

Cuando algo funciona bien y al usuario le gusta la forma en que lo hace, cambiarlo sólo implica gasto innecesario de dinero y enfado por parte del usuario. Aplicado a la informática, es algo muy sencillo de ver. Pensemos, por ejemplo, en Windows. La interfaz de Windows 95 funcionó, le gustó a la gente. Se mantuvo en el 98, en el Me, en el 2000, con pequeñas mejoras paulatinas. En el XP se trató de meter una nueva interfaz, pero se mantuvo la clásica también, que mucha gente siguió usando. En el Vista se cambió demasiado, tanto la nueva como la clásica, y a la mayoría de la gente no le gustó nada tal cambio. ¿Por qué hacer ese cambio cuando la interfaz clásica llevaba funcionando bien tantos años?

A la gente le suele gustar que las cosas funcionen cada vez mejor, pero sin un cambio dramático en la forma en la que se interactúa con un programa o un aparato. Creo que se debería hacer más caso a esto que a eso de “renovarse o morir”. En la informática es muy visible. Cuando se consigue una interfaz amigable y a gusto del usuario, se debería mantener, y ocupar el tiempo en mejorar la forma en la que funciona internamente el programa, antes que cambiar la interfaz por completo.

Incluso, a veces, una nueva interfaz o API puede resultar más fácil de usar que la anterior para alguien que nunca lidió con ninguna de las dos, pero ocurre que cuando la mayoría de la gente ya se ha aprendido el funcionamiento de una anterior, aunque sea difícil de utilizar, la otra, por sencilla que sea, siempre implica perder tiempo en volver a aprendérsela, con lo cual tampoco resulta muy rentable, salvo en algunos casos concretos.

“Hay que cambiar siempre, renovarse o morir”, decía mi encargado. Me quedé siempre con ganas de preguntarle si también iba a abandonar a su mujer, aunque estuviese a gusto con ella, ya que tan convencido estaba de sus palabras.

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