Ideas sobrevaloradas

El mundo actual parece moverse en torno al valor de las ideas y sus patentes, más que del trabajo en sí que cuesta cualquier desarrollo. “¡Es mía, yo la pensé primero!”, piensan y dicen muchos de los que algún día tuvieron una acertada idea.

Creo que está sobrevalorado lo que es la idea en sí. Todos tenemos, o hemos tenido en algún momento de nuestra vida, alguna que otra idea genial, que mejoraría la vida de todos (fin del hambre, trabajo para todos, útiles nuevos…) o que les gustaría su resultado (una canción, libro, película…). Pero no las patentamos, ni, más importante, no las trabajamos para llevarlas a cabo. Por tanto, ¿si la hubiésemos patentado en su momento, deberíamos cobrarle a otro u otros que se pusieran manos a la obra a desarrollar lo que, un día, por pura casualidad, nos vino a la mente? No me parece lógico.

Vamos a ver, el mundo se ha formado a base de “copiar” y mejorar las buenas ideas y desechar las malas. ¿Qué hay de malo? Que unos cuantos no podrían “vivir del cuento”.

Ahora bien: una cosa es copiar y mejorar ideas y, otra muy distinta, para mí, copiar trabajo. Es decir, uno tiene una idea más o menos revolucionaria. Se busca la vida, el apoyo, la financiación, si hace falta, y se invierten muchas horas y trabajo en desarrollarla. Al final del proceso se obtienen planos, código, etc. ¿Es lícito copiar éstos a fin de mejorarlos? Yo aquí no estoy a favor.

Es decir, si yo desarrollo alguna idea con mucho trabajo a mis espaldas, me parece normal que esa idea le haya gustado a alguien y haya trabajado por su cuenta en desarrollarla hasta el punto de competir con mi trabajo. Si no he sido capaz de hacerlo mejor que él, enhorabuena. Pero si directamente ha copiado mis planes y mejorado éstos ligeramente y sin esfuerzo y ahora me hace la competencia, creo que, moralmente, ha robado y se beneficia de mi trabajo.

Tener una idea no nos cuesta trabajo, y, tarde o temprano, a otro se le ocurriría lo mismo. Pero realizar un trabajo, en el que has tinvertido tiempo, ganas, ilusión…, y que venga otro, que se salta esos pasos a tu costa, y te gana sin una competencia leal, me parece deplorable y triste, ¡y reclamable legalmente, por qué no!

Por ejemplo, en software. Si uno tuvo una idea de poner cierto botón en cierto sitio y que haga cierta cosa. Luego viene la competencia y se curra lo mismo, con su propio trabajo, eso sí, y luego, mejoran o cambian ese aspecto, ¿por qué han de reclamar los primeros? Sin embargo, si el trabajo de la competencia ha consistido en un copia/pega de código, evidentemente creo que sí hay motivo para la reclamación.

En efecto, a menudo es difícil discernir cuando la copia ha sido de la idea o del trabajo en sí, pero, aunque el efecto parece o es el mismo, moralmente una acción me parece “legal” mientras que la otra no.

Por ejemplo, en software libre, a base del trabajo de decenas o cientos de personas se consigue emular o mejorar el funcionamiento de una aplicación de las “grandes” aplicaciones… Pues enhorabuena muchachos. Ahora bien, que unos se han colado en los servidores de X empresa y han copiado código y reutilizado este sin permiso expreso… Pues no me parece correcto.

Un poco de respeto mutuo nunca está de más, ¿no? Aparte, creo que el trabajo por realizar una idea nos convierte en expertos en el tema, mientras que, con el copia/pega, nunca llegaremos a dominar lo que tenemos entre manos y los errores serán nuestros acompañantes. Si uno no ha trabajado en su obtención, ¿va a hacerlo en su comprensión?

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