Si instalas Windows 10 varias veces, se bloqueará tu clave y ya no podrás activarlo

Es verano, estoy de vacaciones, y tengo mucho tiempo libre. Así que aproveché para actualizar a Windows 10 tanto mi PC como el portátil de mi pareja, cada uno proveniente de un Windows 7 con licencia.

El portátil lo actualicé una sola vez y listo, ningún problema. En el PC, en cambio, aproveché la coyuntura para hacer muchas pruebas, particionar el disco duro de diferentes maneras y testear nuevos sistemas, como las últimas ediciones de Ubuntu. Se trataba sólo de reinstalaciones, sin ninguna modificación de hardware y, por supuesto, no instalé el S.O. en ningún otro PC que no fuera el “original” con la misma clave, que a Microsoft ya la conocemos…

Pese a todo, sobre las 10 reinstalaciones (muchas sí, pero, ¿qué le importa a Microsoft?), pues ha resultado en que se me ha bloqueado la clave de activación y ahora se me ha quedado el sistema capado como si tuviera uno ilegal. Y atención, porque se me ha bloqueado la clave habiendo reinstalado el equipo desde la propia aplicación de recuperar el equipo que viene con el propio Windows. Inédito.

Este caso me irrita especialmente porque lo mismo había hecho con Windows XP y con Windows 7 originales y nunca había tenido problemas, y justo ahora que parecía que Microsoft estaba por “liberalizar” y extender o democratizar Windows, van y me vienen con éstas.

Y ¿qué funciona con un Windows 10 “sin activar”? Aparentemente todo, todos los programas y las actualizaciones, sin embargo, no puedes cambiar colores, fondo de escritorio ni personalizar la pantalla de inicio. También supongo que pasado un tiempo el sistema se bloqueará por completo, información que no he encontrado, pero así se lo cuentan a los usuarios del programa Windows Insider.

Con lo cual, si eres un entusiasta de los sistemas operativos y las pruebas… que lo sepas.


Windows 10: Windows 7 supervitaminado y mineralizado: me gusta

El nuevo sistema operativo de Microsoft ya ha llegado al usuario común y la verdad es que está funcionando mejor de lo que esperaba.

Y se cumple, nuevamente, la tónica de Microsoft de uno de error y uno de acierto, temática que viene sucediendo, a grandes rasgos, desde Windows 98. Si recordamos…

Windows 98 – acierto
Windows ME – error
Windows XP – acierto
Windows Vista – error
Windows 7 – acierto
Windows 8 – error
Windows 10 – a saber, pero pinta bien

Internet se ha llenado estos días con análisis profesionales de la nueva iteración de Windows, no obstante, yo quisiera aportar mis sensaciones como usuario “de a pie”.

Lo primero a remarcar, y lo que más valoro en el nuevo sistema es:

– todo lo que estaba en Windows 7 sigue estando y su modo de funcionamiento y configuración será similar
– todo el software habitual sigue funcionando sin problemas, incluso software antiguo que ya no se actualiza
– todo lo “extra” de Windows 10 se puede usar o deshabilitar
– incluye nuevas funcionalidades que potencian la usabilidad del sistema si las necesitas (como los escritorios virtuales, tan presentes en la trayectoria GNU/Linux)

INSTALACIÓN

Windows 10 se actualiza automáticamente mediante el programa Obtener Windows 10 que apareció en nuestros equipos Windows 7 en adelante hace uno o dos meses. Aún así, una vez actualizado, es posible crear un CD o USB de instalación y realizar la operación desde cero, y lo recomiendo. Necesitaremos el programa de Microsoft para bajar la ISO o crear el USB directamente, y un programa como ProduKey para obtener el número de serie que tenemos activado actualmente en nuestro ordenador, para introducir al comenzar una instalación limpia desde el CD o USB (de todos modos, si ya habíais actualizado y activado el producto, podéis simplemente omitir el serial durante la instalación, ya que Windows se activará automáticamente una vez iniciéis y conectéis a internet). La instalación limpia nos permite elegir ya desde el primer momento habilitar o deshabilitar opciones de privacidad y, por fin, un método rápido para crear, borrar y formatear particiones a tu antojo (la influencia de Ubuntu y compañía parece que da frutos). Os recomiendo no usar ninguna configuración por defecto, sino elegir vosotros mismos las opciones que os parezcan convenientes. Por defecto, todo es demasiado permisivo para mi gusto en cuanto a privacidad. También os recomiendo no activar el WiFi desde el programa de instalación, ya que, al activarlo una vez iniciado el sistema, nos pedirá confirmar o denegar detalles sobre su privacidad y funcionamiento.

INICIANDO

Windows 10 sorprende por lo rápido que se inicia. Una vez dentro del sistema, con un mínimo de conocimientos, disponemos del mítico regedit, el Panel de Control calcado de Windows 7, o un nuevo panel de configuración (al estilo táctil) donde podemos ponerlo todo a nuestro gusto de una forma clara y sencilla. Una vez habilitada la conexión a internet, se descargarán las primeras actualizaciones de seguridad y drivers. En mi caso, el controlador de Nvidia es la primera actualización fundamental que necesito, y aviso de que instalar directamente el controlador de Nvidia que se puede obtener de su página oficial me cascó el sistema, así que, al menos por ahora, mejor el que provee Windows Update.


Dentro del sistema hay programas que han cambiado y otros que permanecen. Y los tuyos propios, como siempre, se pueden aplicar como aplicaciones predeterminadas. Por ejemplo, se puede cambiar el Edge (nuevo navegador que reemplaza al clásico I.E., minimalista y preparado para el mundo táctil, pero que aún no va muy fino) por Firefox o Chrome sin problemas; el nuevo programa de música (que me parece bastante pobre y confuso) por el tradicional Windows Media Player o Winamp (¿alguien sigue usando este último?). Estoy bastante descontento con los nuevos programas de música o fotos que vienen por defecto, pero lo bueno es eso, que se pueden cambiar por otros.

Windows 10 apuesta por la integración de servicios mediante tu identificador de cuenta de Microsoft. Así, si lo deseas, te conecta a la tienda de aplicaciones, al correo, al OneDrive… Muy en la línea del mundo móvil. Lo mejor de todo, igual que antes, es que, si no quieres usar nada de esto ni usar el equipo basado en una de tus cuentas, no tienes por qué hacerlo. Puedes usar el equipo a la manera tradicional y pasar totalmente de temas como la tienda de aplicaciones. El menú inicio incorpora baldosas al estilo Windows Phone o Metro, pero en esta ocasión te puedes deshacer de ellas. Lo único que no me gusta es que el buscador del menú inicio (Cortana se puede deshabilitar por completo), no recuerda ni prioriza las aplicaciones que usas o buscas normalmente. Es decir, da igual que use Firefox de manera habitual: el buscador siempre me ofrece cuando comienzo a buscar por f… FL Studio o por la m… Mapas. Además, aleatoriamente, en uno de cada X inicios, el buscador se queda pillado y no busca nada.


En cuanto al menú inicio, el primer día de uso sufrió cuelgues y/o fallos en ambos equipos de casa (en una ocasión tuve que reiniciar el portátil con el mítico Ctrl-Alt-Sup porque no se abría el menú de apagar y en otra tuve que apagar el equipo a machete). Con el rodaje, sin embargo, no me está dando ningún problema ni en el portátil ni en el sobremesa.

Hay quien aconseja esperar un poco para instalarlo y dejar que los “early adopters” vayan descubriendo los fallos iniciales (pequeñas tonterías, que las hay), sin embargo, yo creo que, a poco que controles de sistemas operativos, Windows 10 ofrece ya mismo un sistema estable, usable y familiar.


Cierra Google Reader, ¿y ahora, qué?

Google ha avisado a sus usuarios del cierre del servicio a partir del 1 de julio, y no son pocos los blogs y sitios especializados los que se han hecho eco de la noticia y están recomendando diversas alternativas para los que seguimos enganchados al método del RSS como medio óptimo a la hora de seguir diversos sitios de noticias sin volvernos locos.

Así pues, tras la triste noticia, toca migrar nuestras suscripciones a otro lector que sea de nuestro agrado. Yo no tengo problemas cuando se trata de realizar la migración bajo Linux o bajo Windows, con Liferea como perfecto lector en el primer caso y FeedReader en el segundo.

El problema llega cuando busco un lector agradable para Android, pues después de haber examinado unos cuantos (Feedly, Pulse News, entre otros), no he encontrado ninguno sencillo y con lectura clara, con el que me sienta a gusto. Al final, me quedo con Pulse, por ahora, aunque no me encuentro satisfecho del todo.

Tal vez nada importante, pero también pierdo esos pequeños detalles, como la versatilidad de un servicio “en la nube”, que sincronizaba móvil y PC para saber qué cosa había leído ya y cual todavía no. También está esa opción de que, si tenías artículos destacados, se mantenían aunque ya no tuvieras suscripción al sitio del que provenían.

Una pena.

¿Dará guerra Windows Phone 8?

Microsoft presentó oficialmente Windows Phone 8, su nueva plataforma móvil, y, con ello, todas las novedades que aportará al mundo de sistemas operativos móviles.

Como muy bien saben los de Redmond, la clave del éxito de un sistema operativo comienza por atraer masivamente a los desarrolladores, poniéndole las cosas lo más fáciles posible. Y, si algo tiene Microsoft detrás, es la mayor base de desarrolladores del mundo, aunque operando en el Windows clásico. Así que, no se les ha ocurrido otra cosa que meter un núcleo común con el sistema Windows tradicional en su nuevo sistema operativo móvil y, con ello, han puesto a disposición de los desarrolladores las herramientas necesarias para que programar o portar aplicaciones entre plataformas sea bastante más sencillo, con cosas como DirectX, C/C++ nativo…

En Microsoft, conocen bien las debilidades del usuario medio, quienes buscan siempre el apartado lúdico de cualquier dispositivo (juegos, multimedia). En ese sentido, con las novedades para los desarrolladores, portar juegos entre plataformas se ha facilitado muchísimo y se han abierto muchas posibilidades, ya que ahora se pueden portar fácilmente motores y APIs ya existentes.

También sabe cuidar el gigante de la informática a las empresas, y así les ofrecen características específicas demandadas por éstas.

Si a esto se añade un sistema estable y al día en cuanto a tecnologías móviles se refiere, me parece que, con lo volátiles que son los usuarios de móviles entre plataformas, el nuevo Windows Phone 8 tiene muchas bazas para ganar terreno y ponerle las cosas difíciles a mi amigo el Android. Éste, bajo mi punto de vista, tiene unas interfaces más vistosas y amigables, con los temas pulidos de HTC o Sony, por ejemplo, y va muy bien en terminales de gama media-alta, pero la tranquilidad que tenía con la plataforma Android de cara a medio plazo, se me viene un poco abajo con este próximo lanzamiento de Microsoft.

Os dejo con la presentación en inglés, por si os interesa.

Software que vale la pena comprar

Uno de mis programas favoritos es el FL Studio. Éste es uno de los mejores y más sencillos secuenciadores de música para PC, usado por varios músicos famosos principalmente para hacer pruebas y prototipos en cualquier lugar, pues con llevar consigo el portátil es suficiente. Con FL Studio no se necesita saber solfeo ni saber tocar un instrumento para componer. Para el usuario doméstico, permite obtener unos resultados bastante profesionales con unos recursos hardware mínimos.

Lo primero a mencionar en favor de Image-Line, la empresa detrás de FL Studio, es que ofrece actualizaciones gratuitas de por vida. Es decir, si compras el programa, directamente obtienes gratis todas las futuras versiones. Y versiones aparecen constantemente, con correcciones y siempre con novedades. Además, con cada nuevo FL Studio, se añaden nuevos plugins gratuitos y nuevas funcionalidades, evidentemente. Hay un gran trabajo detrás del programa, y se nota.

Y aquí es adonde quería llegar. En palabras de Image-Line, de las que no tengo motivos para dudar, si tan solo uno de cada diez usuarios “ilegales” comprase el programa, ellos podrían ofrecer con cada nueva versión el doble de plugins gratuitos (y, sin duda, podrían pulir y crear nuevos plugins más rápido).

Otro punto a su favor es que, de vez en cuando, conmemorando el lanzamiento de un nuevo plugin, lo ofrecen los primeros días a un precio irrisorio, de “ponle tú el precio”, a partir de un precio básico que suele rondar 1 o 2 euros. El precio final de los plugins suele estar entre 60 y 100 euros. Así ocurrió con el genial Harmless que ofrece unos sonidos increíbles, y más recientemente con el Newtone y el Pitcher, unos plugins al estilo de Melodyne y Antares Autotune para ajustar el tono vocal que se defienden bastante bien para ser la primera versión. No aposté por el Harmless cuando tuve oportunidad de pillarlo barato y ahora me arrepiento…

Bien, no quiero con esto hacer apología antipiratería ni nada parecido. Solo quiero expresar que hay empresas que se merecen que les vaya bien, por su buen hacer y por el beneficio de todos los usuarios.

Ideas sobrevaloradas

El mundo actual parece moverse en torno al valor de las ideas y sus patentes, más que del trabajo en sí que cuesta cualquier desarrollo. “¡Es mía, yo la pensé primero!”, piensan y dicen muchos de los que algún día tuvieron una acertada idea.

Creo que está sobrevalorado lo que es la idea en sí. Todos tenemos, o hemos tenido en algún momento de nuestra vida, alguna que otra idea genial, que mejoraría la vida de todos (fin del hambre, trabajo para todos, útiles nuevos…) o que les gustaría su resultado (una canción, libro, película…). Pero no las patentamos, ni, más importante, no las trabajamos para llevarlas a cabo. Por tanto, ¿si la hubiésemos patentado en su momento, deberíamos cobrarle a otro u otros que se pusieran manos a la obra a desarrollar lo que, un día, por pura casualidad, nos vino a la mente? No me parece lógico.

Vamos a ver, el mundo se ha formado a base de “copiar” y mejorar las buenas ideas y desechar las malas. ¿Qué hay de malo? Que unos cuantos no podrían “vivir del cuento”.

Ahora bien: una cosa es copiar y mejorar ideas y, otra muy distinta, para mí, copiar trabajo. Es decir, uno tiene una idea más o menos revolucionaria. Se busca la vida, el apoyo, la financiación, si hace falta, y se invierten muchas horas y trabajo en desarrollarla. Al final del proceso se obtienen planos, código, etc. ¿Es lícito copiar éstos a fin de mejorarlos? Yo aquí no estoy a favor.

Es decir, si yo desarrollo alguna idea con mucho trabajo a mis espaldas, me parece normal que esa idea le haya gustado a alguien y haya trabajado por su cuenta en desarrollarla hasta el punto de competir con mi trabajo. Si no he sido capaz de hacerlo mejor que él, enhorabuena. Pero si directamente ha copiado mis planes y mejorado éstos ligeramente y sin esfuerzo y ahora me hace la competencia, creo que, moralmente, ha robado y se beneficia de mi trabajo.

Tener una idea no nos cuesta trabajo, y, tarde o temprano, a otro se le ocurriría lo mismo. Pero realizar un trabajo, en el que has tinvertido tiempo, ganas, ilusión…, y que venga otro, que se salta esos pasos a tu costa, y te gana sin una competencia leal, me parece deplorable y triste, ¡y reclamable legalmente, por qué no!

Por ejemplo, en software. Si uno tuvo una idea de poner cierto botón en cierto sitio y que haga cierta cosa. Luego viene la competencia y se curra lo mismo, con su propio trabajo, eso sí, y luego, mejoran o cambian ese aspecto, ¿por qué han de reclamar los primeros? Sin embargo, si el trabajo de la competencia ha consistido en un copia/pega de código, evidentemente creo que sí hay motivo para la reclamación.

En efecto, a menudo es difícil discernir cuando la copia ha sido de la idea o del trabajo en sí, pero, aunque el efecto parece o es el mismo, moralmente una acción me parece “legal” mientras que la otra no.

Por ejemplo, en software libre, a base del trabajo de decenas o cientos de personas se consigue emular o mejorar el funcionamiento de una aplicación de las “grandes” aplicaciones… Pues enhorabuena muchachos. Ahora bien, que unos se han colado en los servidores de X empresa y han copiado código y reutilizado este sin permiso expreso… Pues no me parece correcto.

Un poco de respeto mutuo nunca está de más, ¿no? Aparte, creo que el trabajo por realizar una idea nos convierte en expertos en el tema, mientras que, con el copia/pega, nunca llegaremos a dominar lo que tenemos entre manos y los errores serán nuestros acompañantes. Si uno no ha trabajado en su obtención, ¿va a hacerlo en su comprensión?

Ubuntu 11.10 con Gnome Shell: aprobado

Hace escasos días que Canonical publicó la última actualización de su famoso sistema operativo Ubuntu. En este caso, llegamos a la versión 11.10, que ya está disponible para descarga en versiones de 32 y 64 bits.

Canonical ha ido un paso más allá en esta ocasión, en la buena dirección en la mayoría de los puntos, aunque han quedado colgando algunos flecos. Primeramente, hay que decir que han instaurado Unity de manera global, tanto si poseemos aceleración gráfica por hardware como si sólo podemos usar un escritorio sin aceleración gráfica. En cierto modo, no han tenido más remedio, puesto que han dado el salto a Gnome 3 y ya no podían usar el tema por defecto de Gnome 2. Así, han pulido su entorno Unity de manera que funciona prácticamente igual de ambas maneras, aunque, eso sí, hay que acostumbrarse a que se acabó Gnome 2 y ese es un cambio drástico que no gusta a muchos.

Han trabajado muy duro en Canonical, y se aprecia, para adaptar y mejorar Unity, el Centro de Software de Ubuntu y cambiar todo a Gnome 3. Aún así, han desaparecido muchas opciones de personalización y temas por defecto, cosas no soportadas aún por Gnome 3, y ahí llegamos a un nuevo punto que puede resultar negativo para muchos usuarios, eso de… ¿y ahora como hago esto?

Lo bueno es que, en general, el cambio ha sido positivo, y tras buscar un par de cosas, como el de cómo cambiar las fuentes o cómo quitar el antialiasing de las mismas (hay que instalar un programa que se llama “Configuración avanzada (de Gnome 3)”, todo comienza a quedar a gusto del usuario, yo, en este caso.

Aunque se ha trabajado mucho en Unity y funciona correctamente, los temas por defecto que trae usan letras en tono “pastel” que me fuerzan demasiado la vista (nada mejor que negro sobre blanco, para leer, o viceversa), así que la mejor parte del nuevo Ubuntu, para mí, es que han puesto a golpe de click la instalación de Gnome Shell directamente desde el Centro de Software. Gnome Shell trae consigo el tema visual Adwaita (tema que usa unos colores de letras más amigables a mi gusto), y la verdad es que, tras un rato de uso, quedé totalmente encantado con el modo de funcionamiento de Gnome Shell, por encima de la experiencia con Unity y por encima de lo que era Gnome 2 clásico. La parte negativa es que ciertos programas, como el reproductor de música Banshee, se integran con Unity, mientras que no lo hacen con Gnome Shell.

Así que el nuevo Ubuntu me ha convencido por completo, y ya es para mí la mejor versión de este sistema publicada hasta la fecha. Esto otorga buenas vibraciones de cara a la próxima versión LTS. Enhorabuena, Canonical, y gracias por dos cosas: una, por este estupendo sistema operativo, y dos, por haber despejado mis dudas e incertidumbres acerca del futuro del escritorio sin Gnome 2 y haberme devuelto la confianza y pasión por vuestra distro.

Sin más, os dejo unas cuantas capturas de pantalla, correspondientes, eso sí, a la interfaz Gnome Shell.






Y los “repositorios” conquistan el mundo…

El mundo libre ya lo sabía hace mucho mucho tiempo: no hay nada mejor, tanto para usuarios como para desarrolladores, que centralizar las aplicaciones disponibles para un determinado sistema. Los usuarios lo tienen mucho más sencillo para encontrar e instalar la aplicación que necesitan, así como para buscar aplicaciones nuevas sin comerse la cabeza por todo internet, donde mucho influyen (y muy de agradecer) los diferentes sistemas de votación comunitaria. Los desarrolladores, por su parte, sobre todos los menos conocidos, tienen un sistema sencillo de llegar al público, pero, mejor aún, tienen un sistema eficaz de centralizar actualizaciones y novedades de una manera sencilla para el usuario: al usuario medio, siempre hay que ponérselo fácil.

Así, los sistemas operativos libres llevan años usando el sistema de repositorios, una forma eficaz de centralizar aplicaciones disponibles a la vez que asegurar su funcionamiento con el sistema. Ha tenido que pasar tiempo, pero al fin las “grandes” se han dado cuenta de las ventajas de estos sistemas, y de ahí han ido llegando la Apple Store, el Android Market, la Chrome Web Store, ahora la Windows Store… con visibles beneficios tanto para usuarios como desarrolladores.

Bien, tardaron en darse cuenta y ponerse a ello, pero bienvenidos sean al fin (aunque con sus “peros”) los “repositorios” de manera global. Eso sí, que esto no sea el fin de las otras maneras posibles de hacerse con, instalar o repartir aplicaciones, ya que dado el carácter de veto de estos sistemas, muchas aplicaciones de interés se están quedando fuera del “store” oficial, y siempre hay que mantener una alternativa para evitar la censura y conservar la libertad de elección del usuario. Por tanto, un “store” oficial nunca ha de ser la única manera posible de instalar aplicaciones para un determinado sistema.

Instalar Firefox 5 en Ubuntu 10.04 LTS

Somos unos cuantos los que nos resistimos a cambiar (o estamos encantados con) la LTS de Ubuntu, pero claro, algunas aplicaciones, aunque con actualizaciones de seguridad al día, se encuentran estancadas en una versión algo antigua, como es el caso de Firefox.

Para ponerlo al día, nada más fácil que introducir una línea en el terminal:

sudo add-apt-repository ppa:mozillateam/firefox-stable

Tras introducir el password, se añade el repositorio de la última versión estable de Firefox al gestor de paquetes. Ahora sólo tenemos que ir al menú Sistema – Administración – Gestor de actualizaciones y, al pulsar en Comprobar las novedades, ya nos muestra la disponibilidad de la última versión de Firefox, que se instalará sin problemas y sin más preguntas.

Opera Mini 5.1: aprobado; Mini vs Mobile

Al fin me decidí a probar el más afamado navegador web para teléfonos móviles y smartphones, y la verdad es que quedé gratamente sorprendido y satisfecho por su funcionalidad y buen hacer.

Los desarrolladores del cuarto navegador en discordia, Opera, han dado en el clavo con su navegador para dispositivos móviles. Los usuarios demandan cada vez más servicios web en el móvil, más para informarse que para otra cosa, pero cualquier acción en la web requiere de un navegador eficaz. Opera se ha convertido en líder indiscutible en el segmento y todo gracias a un navegador más que capaz y sencillo de usar.

En realidad, los de Opera Software juegan con dos tipos de navegadores para móviles: Opera Mini y Opera Mobile. Los dos son prácticamente idénticos en visualización, pero Opera Mobile está más enfocado a smartphones de gran pantalla con un buen ancho de banda y holgados de RAM mientras que Opera Mini se desenvuelve mucho mejor en dispositivos con pantallas inferiores a 3.2″, poco ancho de banda y/o poca RAM. La diferencia entre ambos se ha ajustado mucho con la entrada en juego de Opera Mini 5, que equipara prácticamente la funcionalidad, con la salvedad de que:

Opera Mobile 10.1 incorpora un motor de renderizado web completo. Puede operar en modo tradicional (carga de páginas directa) o en modo Turbo (carga de páginas acelerada, gracias a la precompresión por parte de servidores dedicados que actúan como proxy). Opera Mobile se instala en modo nativo en Symbian, Android, etc., de manera que fluye suave y su acabado es… impecable. En cambio, contra Opera Mini, la carga de páginas se nota lenta, muy lenta, incluso en modo Turbo. Esto se puede suplir, en parte, gracias al uso de caché de páginas ya visitadas (memoria que se puede borrar, por supuesto). Un punto negativo es que se come la memoria RAM enseguida, al menos cuando un terminal no cuenta con más de 128 MB, y pronto Symbian nos pide que cerremos aplicaciones para liberar memoria.

Opera Mini 5.1 incorpora un motor de renderizado especial. Toda transacción web se efectúa de manera encriptada entre el terminal y los servidores de Opera Software, quienes precomprimen las diversas páginas web en el llamado Opera Binary Markup Language, formato en el que llegan al dispositivo. Además, es posible que algunas páginas web que no están preparadas para el formato móvil sufran un cambio para hacerlas más legibles en un terminal de este estilo. Pese a lo que pueda parecer, las webs se visionan de manera muy aceptable y la carga es súper rápida, incluso sin disponer de conexión 3G. Por contra, no dispone de caché (aunque sí guarda cookies, historial y contraseñas, si lo permitimos). Esto evita que se coma memoria del terminal. De manera tradicional, Opera Mini funciona sobre Java, y aún así, aunque tarda unos segundos en cargar la aplicación, va muy fluido (probado en un Nokia 5800), aunque también están preparando la versión nativa S60 y tienen la Android ya terminada, entre otros.

Ambos soportan navegación por pestañas, marcadores y traen integrado un lector RSS.

En cuanto al Flash, no está soportado por estos navegadores, excepto el Opera Mobile para Windows Mobile, que soporta Adobe Flash Player de manera parcial. Aún así, si pensamos en YouTube, podemos visionar los vídeos por medio del reproductor local.

Pues bien, dicho esto, ¿cuál recomendar? Creo que si buscas un navegador web móvil para leer noticias y navegación variada, de manera rápida, incluyendo uso de servicios poco exigentes (correo, facebook, etc.), Opera Mini es el navegador perfecto. Si buscas un navegador más completo y que pueda ser utilizado sin pasar por los servidores de Opera Software, o bien porque alguna página web o servicio se le resiste al Opera Mini, entonces Opera Mobile se ajusta más a tus necesidades.

Sea como sea, Opera es una gran apuesta para la navegación en el móvil. Ver más datos en la web oficial.