Se termina La Vuelta 2018…

Una jornada decisiva queda para que La Vuelta declare virtualmente al ganador de este año, en el duro puerto de La Gallina, en Andorra.

El panorama comenzaba muy diferente hoy, en la etapa 19, con Valverde a sólo 25 segundos de Simon Yates, haciendo la ilusión a los seguidores del español de que pudiera, al fin, a sus 38 años, llevarse una grande. Sin embargo, un grande Yates parece haber dinamitado ya cualquier esperanza, alejando al murciano a 1:38, diferencia que se antoja bastante insalvable para una última y dura etapa. En cualquier caso, no hay que perder las esperanzas hasta el último día.

Lejos de lamentarnos o de ponernos en contra del británico, como esto es ciclismo, hemos disfrutado enormemente de la etapa de hoy, y alabamos la durísima arrancada y escapada que le ha metido Yates al pelotón a 10 kilómetros de la meta. Ha sido esta una hazaña que se veía innecesaria y que cualquier otro en su posición habría dejado pasar, pero Yates no se conformó con su ligera ventaja y con mantener su posición, y nos brindó un gran espectáculo, apuntalando su liderazgo y quedando a las puertas de su, por otro lado, merecida victoria en esta Vuelta a España.

En cualquier caso, pase lo que pase mañana en la etapa 20, felicidades a Valverde por sus dos victorias en esta Vuelta, por habernos mantenido en vilo con su combatividad hasta el último momento, y por recordarnos que el ciclismo de élite no está reservado sólo para veinteañeros.

Orbea Alma M25

Temporada nueva, montura nueva. En esta ocasión probamos la Orbea Alma M25, una delicia de bicicleta que nos devuelve al ciclismo de montaña rígido, un “palo” que no tocábamos desde el 2013.

Estamos ante una bicicleta de carbono OMP de Orbea (lígeramente más pesado pero más cómodo que el OMR), que marca cerca de los 10,4 kg tubelizada y sin pedales y, en cualquier caso, por debajo de los 11 kg con ellos. Lleva todo el cableado interno y, por supuesto, incorpora eje Boost.

Punto por punto

En su excelente montaje encontramos el grupo SRAM Eagle GX, en configuración de 34 x 10-50, aunque para la pata de cambio trasero se ha optado por la tope gama para enduro, la X01. Es mi primera toma de contacto con las 12v de SRAM y he de decir que es un sistema que funciona realmente suave. En los pulsadores, no hay apenas diferencia de tacto con los grupos 1×11 de Shimano, así que el cambio de sistema no implica nada nuevo, excepto que el “release” de las marchas va en dirección contraria al clásico de Shimano, y hay que accionarlo con el pulgar. Esto me ha ocasionado alguna bajada de marcha cuando, en realidad, lo que quería era subirla, pero es fácil acostumbrarse. Por lo demás, decir que el plato de 34 pega de maravilla con la ligereza de la Alma, y el rango 10-50 ofrece una gozada de desarrollo. Va a ser difícil montar de nuevo con el 1×11…

La suspensión corre a cargo de una elegante horquilla FOX 32 Step-Cast de 100 mm con bloqueo remoto y eje Boost 15×110. El bloqueo es total, con lo que, al ponerse en pie, la sensación de como escala carretera esta bicicleta no está muy lejos de la sensación de una bicicleta de carretera en sí. La sensación de cómo dibuja el terreno me parece muy buena.

Las ruedas son unas Mavic Crossmax, que este año incorporan el (ruidoso) núcleo Instant Drive 360 y que van vestidas por las famosas Maxxis Ikon 2.2 TLR. Estas cubiertas ofrecen un gran balón, el cual es comparable a las X-King 2.4 que tengo montadas en la Occam. No obstante, no tardé en cambiarlas por unas X-King PureGrip 2.2, las cuales, para mi gusto, ofrecen más agarre y devoran la carretera a mejor ritmo (y más silencioso).

En los frenos encontramos unos Shimano MT501 con pinzas BR500, que parece que desmerecen del conjunto (unos XT M8000 serían los ideales) pero que, en cualquier caso, resultan eficaces, con buena potencia de frenado, mientras que la apariencia no desentona. Con los frenos siempre tengo una pequeña decepción los primeros días, y es que los frenos nuevos tardan unos 300 km de buenas bajadas en coger una buena mordida.

Tenemos un manillar plano de 72 cm marca de la casa, al igual que los puños, los cuales me parecen de gran calidad, siendo el tacto muy similar a mis siempre favoritos Race Face Half Nelson. La tija y potencia son unas Race Face Ride y el sillín es un Selle Italia X-Cross Flow de bastante calidad que tira a duro y con hueco antiprostático y que, contra todo pronóstico (por anteriores malas experiencias con los antiprostáticos), se ha convertido en mi favorito para la montaña. Bastaron tres rutas para notarme súper cómodo con este sillín, tanto, que ya me he pedido otro igual para la Occam.

Experiencia de uso

Y llegamos a lo interesante, la experiencia de uso de la Alma.

En carretera, el comportamiento me parece a la altura de lo esperado, o… incluso mejor. Escala suficientemente bien, tiene holgura de marcha para las bajadas y llanea a buen ritmo. Y con buen ritmo quiero decir que en los segmentos del Strava los tiempos que obtengo con esta bicicleta son muy parejos a la Orca, tanto en llano como en subida, y con esto quiero decir que no cuesta seguirle el ritmo a cualquier ciclista de carretera de nivel medio.

En cuanto a la montaña, el paso de la trail doble a esta requiere unos días de práctica para cogerle el punto. En subida, ningún problema, pero, en bajada, se aprecia como la rueda de atrás “va por libre”. Con una distancia entre ejes más corta y la ausencia de suspensión trasera, hay que volver a acostumbrarse a este tipo de bicicleta que, en montaña, requiere un extra de atención y un extra de técnica para guiarla correctamente por donde queremos ir. No obstante, son suficientes tres o cuatro rutas para coger confianza en la montura que ofrece una rígida como la Alma. Y el caso es que, una vez cogida esta confianza, sorprendido por la suavidad con la que se desliza por el terreno montañoso.

La ligereza de esta bicicleta queda patente en cualquier escalada de montaña, ya que parece que se desliza sin apenas resistencia (viniendo de la trail de aluminio). Tanto es así, que con ella he obtenido mi primer KOM (hace ilusión), mientras que estar entre los primeros puestos de los segmentos montañosos se ha convertido en una constante. La comodidad me ha sorprendido, pues, aunque no es la suavidad de la trail, no he tenido problemas con esos impactos que van directos a la espalda en lugar de absorverlos la suspensión trasera, aunque creo que aquí, aparte de la ligera flexibilidad de la tija, también juega un papel muy importante la pericia y técnica del ciclista, ya que no sólo en bajada se necesita un extra de técnica con este tipo de bicicletas, sino también en subidas o llanos bacheados, donde un buen juego corporal ayuda a evitar la mayoría de esos pequeños impactos que pueden ir destrozando nuestra espalda a lo largo de la ruta.

Mis planes para esta bicicleta son rutas largas que intercalan bastante carretera con monte pistero. Mucha gente hoy en día se iría a una Gravel para este propósito, pero yo encuentro que una rígida de montaña permite disfrutar mejor de los tramos de montaña, mientras que, en carretera, permite mantener un buen ritmo. Y en esta tesitura, encuentro que la Alma es una bicicleta perfecta para este cometido. Una montura cómoda y altamente eficiente que nos permite disfrutrar a tope de rutas mixtas.

Bicicletas Orbea en Bikester.es

Rise of the Tomb Raider: así, sí

Rise of the Tomb Raider

Hubo que esperar 3 años para que el Rise of the Tomb Raider se situase de oferta en Steam en la barrera sicológica de los diez euros, además de hacerlo en su edición 20 aniversario, pero ha valido la pena: adentrarse en la aventura de Rise of the Tomb Raider amortiza cada euro invertido en él jaja.

Hace ya casi 22 años que se inició la saga comandada por Lara Croft, a la cual me hice adicto desde el primer minuto de juego. No obstante, son muy fan de alguno de sus juegos, pero no todos han sido de mi gusto. De hecho, he terminado pocos de ellos.

El primer Tomb Raider fue genial, flechazo instantáneo. Lo terminé varias veces antaño, y alguna más recientemente. Sentirte Indiana Jones explorando diversidad de lugares y misterios fue todo un acierto. El mundo del juego 3D en PC estaba plagado de FPS “tipo Doom” que no ofrecían ya ningún aliciente jugable, no proponían variedad de situaciones ni tampoco ninguna historia digna de ser seguida (al menos, hasta que, en 1998, llegó Half-Life). Entonces, entró en escena Lara Croft, una aventurera que se movía por un mundo en aquel entonces bello, con fases bien pensadas y variadas donde nada se tornaba aburrido, que nos sumergía en solitario en un mundo inmersivo.

El segundo Tomb Raider también lo terminé, si bien ni los niveles ni la historia me terminaron de convencer. Sin embargo, a partir de este punto, entramos en unos cuantos títulos sin el gancho suficiente para que consiguiera terminar la aventura. El Tomb Raider III nunca lo terminé; tampoco el Tomb Raider IV (aunque me gustaba bastante más que el III), y el Tomb Raider Chronicles, con sus “crónicas” por separado, tampoco terminó de engancharme lo suficiente para terminarlo.

Después llegó el pequeño reinicio de la saga con Angel of Darkness, un juego que, pese a que la crítica siempre se ha cebado con él, al menos me entretuvo bastante más que los tres predecesores. No estoy seguro de si llegué a terminarlo o no, pero, si no lo hice, seguro que anduve cerca.

Entonces llegó Crystal Dynamics y Lara resurgió con 3 aventuras fantásticas. El Legend me moló mucho, el Anniversary fue un gran replanteamiento el clásico, y con el Underworld cerró una trilogía de la que guardo buen sabor de boca, tres títulos que sí terminé. Por mí, pudieran haber sacado más títulos bajo el nuevo enfoque jugable de Lara, pero alguien pensó que era hora de cambiar de estrategia…

Fue así como, en 2013, renació Tomb Raider con un décimo título principal bajo una premisa diferente. La crítica alabó el nuevo juego, “por fin un Tomb Raider para adultos” dijeron. Para algunos, parece que un juego para adultos es aquel que, o bien tiene escenas sexuales, o bien tiene cantidad de sangre y mutilaciones por pantalla. No estoy en absoluto de acuerdo; a ver si va a ser que títulos como Ori and the Blind Forest no son juegos para adultos. En fin. Jugué, y terminé, el nuevo Tomb Raider con una sensación agridulce. Por un lado, las nuevas mecánicas de juego me parecieron acertadas, y el nuevo diseño de niveles, un paso adelante. Sin embargo, la historia no me atrajo mucho, eché de menos más exploración y las escenas recargadas de violencia y sangre no fueron de mi agrado.

Y aquí llegamos a la actualidad, en un momento en el que está a punto de salir la tercera entrega del renacimiento de Lara con Shadow of the Tomb Raider, cuando, al fin, me puse manos a la obra con su segunda entrega, Rise of the Tomb Raider. El sabor agridulce que me dejó la décima entrega hizo que me replantease en varias ocasiones si dar o no dar una oportunidad al título que nos ocupa, pero es un Tomb Raider… con lo que al final siempre pico. Al menos, salió bien, y con esta nueva aventura estoy realmente satisfecho.

Estamos en el juego que es para mí realmente el renacimiento de Lara Croft. Lo tiene todo, y todo en buena medida y con buen gusto (al menos, en cuanto a mi gusto). Hay acción, violencia que no se regodea en la casquería, multitud de elementos que recolectar, una buena progresión de nuestras capacidades, unos escenarios que transcurren casi en su totalidad en una zona nevada pero que para nada resultan monótonos, buen acompañamiento sonoro, sigilo, mucha exploración, tumbas que suponen algún reto completarlas y que traen la esencia de Tomb Raider a nuestros sentidos y una historia con un trasfondo que, al menos a mí, me engancha. Y es que las aventuras en búsqueda de arqueología antigua que parten de una base del mundo real, siempre me atraen. Que si el antiguo Egipto, los mayas, qué pudo haber de cierto o en qué se fundamentan las distintas religiones del mundo… Y es que el pasado pudo haber sido soso, las pirámides las pudieron haber hecho humanos y la religión pudo haber partido de las creencias colectivas a lo largo de los años, pero fantasear o que alguien se invente alguna historia alternativa de cómo pudieron haber aparecido, siempre es más emocionante. No digo que Rise of the Tomb Raider nos proponga nada nuevo en este sentido, pero sí toca uno de estos ancestrales palos.

En cuanto al apartado técnico, Rise of the Tomb Raider está bien resuelto. Todo funciona como se espera, no me he encontrado con ningún fallo a lo largo de toda la aventura, al menos en cuanto a sus mecánicas y a su diseño. Otro tema son los enemigos, al menos en dificultad normal, ya que son tontos. Puedes pasar tranquilamente delante de sus narices que no te ven. Esto resta bastante de la experiencia de sigilo. Al menos, si tienes un fallo garrafal y alguno te ve, todos se te echan encima.

Los tiempos de carga de las fases han sido una grata sorpresa. Para ponernos en antecedentes, venía de pasarme el Just Cause 3. Los tiempos de carga de ese juego son bastante pesados, en especial cuando mueres y/o vas a repetir una misión o reto fallido, tema que debería ser instantáneo. En Tomb Raider, hay una primera carga de cada zona que sí que se lo toma con tranquilidad, pero a partir de ahí el juego fluye sin esperas. Si mueres y tienes que repetir desde un punto de control, es instantáneo. El único problema es si usas el “viaje rápido”, ya que recargar otra zona del mapa sí se lo vuelve a tomar con calma. Además, se echa de menos algún tipo de barra de progreso de la carga.

En resumen, 22 años después, Lara me ha vuelto a dejar satisfecho ;) (y que no se me malinterprete la broma, ya que el tratamiento del personaje nunca ha sido más maduro y menos sexista como en la nueva trilogía que estamos viviendo de la aventurera más famosa del mundo, y es un gesto de agradecer). Ahora, a esperar con ganas el tercero de la trilogía, aunque parece que, además de ahondar en el tema de las tumbas y los puzzles, también vuelve la casquería y lo escabroso, muy a mi pesar.

Occam 2012 vs Occam 2016

Este mes tengo en mis manos mi “vieja” Occam S50 del 2012, que va de paso hacia un nuevo usuario, así que he aprovechado para dar unos rules y de paso puedo hacer una comparación de tú a tú con la Occam TR.

Ambas bicicletas partieron de un presupuesto similar, sin embargo, la S50 es una bicicleta con cuadro de carbono y un peso en torno a los 12 kg, mientras que la TR es de aluminio y su peso está en torno a los 14 kg. Aquí encontramos el primer punto diferenciador, y es que la S50 escala que da gusto. Se nota ágil y ligera, y sube monte a ritmo alegre. Está claro, las 29″ no tienen nada que decir contra los 12 kg de la antigua Occam. Además, el molinillo 22x36x26″ permite que la S50 suba por pendientes impensables para la TR. Claro que, después de subir, toca bajar, y aquí es donde la Occam TR con sus 29″ y su peso extra afianzan el aplomo de la bicicleta, además de que apuntalan el paso por curva. La S50 bajando es un saco de nervios. En cuanto al llaneo, no parece haber una clara vencedora. Si el terreno es muy irregular se supone que ganan las 29″, pero vamos, no aprecio una clara ganadora.

Hace unos días comparaba una Stereo HPC del 2014 con mi Occam TR, donde, pese a las tecnologías más modernas de la TR, para mí la Stereo es una mejor bicicleta en general. No es así el caso de la antigua Occam, la cual, pese a que en su momento también jugaba en una liga superior, a día de hoy es una bicicleta que, en el cómputo general, ofrece una peor experiencia ciclista. De esto extraigo, por ejemplo, que, si hay que volver a usar doble o triple plato, cambios y frenos más antiguos, no tengo problema, pero las ruedas de 26″ definitivamente están desterradas del monte.

La pájara

Estamos en verano, en plena ola de calor, en vacaciones, tiradas largas… Elementos más que propicios para que más de un ciclista sufra una temida pájara estos días. Precaución, hidratación, rodar en las horas de menos calor, buena alimentación… ya sabéis, las bases para evitar la pájara son siempre las mismas. Sin embargo, ¿sabemos lo que es realmente una pájara?

Los ciclistas que alguna vez hemos sufrido una, sabemos muy bien de qué se trata. Otros, parece que intuyen, a veces más acertadamente y a veces muy alejados de la realidad, de lo que es entrar en una pájara. Y es que hay ciclistas que creen que una pájara es cuando llegas a esa fase de agotamiento en la que las piernas se quedan sin energías y no te responden, y no puedes recorrer cien metros de subida seguida sin tener que bajar de la bicicleta a tomar el aire y recuperar un poco las piernas para poder tirar otros 100-500 metros más de cuesta. Pero esto es sólo agotamiento de piernas; hemos quemado todo el combustible y ya no nos queda ni la reserva.

Una pájara va más allá del agotamiento de las piernas. Una pájara se produce cuando el cuerpo entra en agotamiento extremo, especialmente cuando hay deshidratación, y no sólo las piernas se ven afectadas, sino todo el organismo. De pronto, puedes notar que el estómago se cierra y deja de admitir alimentos, notas que empiezas a perder concentración en la carretera, notas síntomas de mareo, de que se te va la cabeza. Notas que estás perdiendo el contacto con la realidad, y esto es realmente grave. Hay que detenerse, sentarse o tumbarse si hace falta, de manera imperativa, pues de un momento a otro el cuerpo puede colapsar y provocarnos un desmayo, con las graves consecuencias que puede tener mientras vamos montados en nuestra bici. Hay que procurar beber rápidamente y tomar hidratos de carbono fáciles de digerir lo antes posible (un gel con abundante agua, una coca cola, una isotónica, etc., suelen ir fenómenos en esta situación), y estar detenido hasta que notemos que la cabeza nos vuelve al sitio y que volvemos a tener capacidad de concentración para volver a los pedales. Y si no fuera posible, pues es mejor llamar al “coche escoba” y dejar la actividad en el punto en el que estemos. Nos jugamos la vida con muchas papeletas en contra nuestra en esta situación.

Así que, nada, disfrutad del verano en la bicicleta, las horas libres y las largas tiradas, pero “con sentido” ;)

Mochilas de hidratación en Bikester.es

Desvelada la novedad del Strava

Como era de esperar después del comunicado de la semana pasada, a día 1 de mes, los de Strava anunciaron la novedad del año, una novedad que me ha decepcionado un poco.

El caso es que toda la expectativa levantada en torno a las novedades del servicio Premium terminó siendo un renombre del servicio unido a una división de los servicios Premium en un set de 3 packs que ahora se podrán contratar por separado. En varias páginas lo cuentan perfectamente.

En lo que a mí respecta, y como decía al principio del artículo, ha resultado ser una novedad un poco decepcionante. Decepcionante porque, aunque en principio parece que ahora podrás pagar menos eligiendo sólo los servicios de pago que quieras usar, la realidad es que han metido cada uno de los servicios más interesantes a nivel de usuario medio en packs diferentes. Por ejemplo, entre los no profesionales, triunfan los segmentos en tiempo real, el Beacon y, tal vez, los objetivos personales y los planes de entrenamiento, mientras que los análisis exhaustivos del rendimiento, el seguimiento de sensores de cadencia, potenciómetros, pulsómetros, etc., son datos que al común de los usuarios poco interesan. Entonces, ¿qué ocurre? Que el pack que se supone más interesante para el usuario medio, el de entrenamiento, no incluye ni el Beacon ni los segmentos en vivo. El Beacon va en su propio pack, mientras que los famosos segmentos en vivo se han icluido en el pack de todas las analíticas de rendimiento.

No digo que no sea un paso en positivo el dado por la gente de Strava, ya que el pack completo sigue costando lo mismo de siempe y, quien no use el Beacon o las analíticas, por ejemplo, siempre se puede ahorrar un poco en la suscripción anual o mensual. Sin embargo, y siguiendo lo que han hecho, creo que habría sido más acertado haber diseñado dos packs de pago, uno para el usuario medio con todas las funcionalidades de las que pueden disfrutar todos los deportistas, como los citados Beacon, los retos personales y los segmentos en vivo, mientras que habría dejado otro pack para profesionales o usuarios más avanzados que incluyera las analíticas y los seguimientos de entrenamientos programados.

Al menos, y hay que ser agradecido por ello, el Strava básico no ha cambiado y sigue ofreciendo un servicio muy completo para todo tipo de deportistas. Para más información, Strava Summit.

¿Qué pasará esta semana con Strava Premium?

“Notición”

“Strava Premiun va a ser aún más interesante”

“No te despistes, la semana que viene algo cambiará”

Así nos informaba Strava a algunos usuarios la semana pasada, con lo que comenzamos las pesquisas.

Lo primero que pudimos comprobar es que no hay mayor noticia disponible sobre el asunto. Lo segundo de lo que nos dimos cuenta es de que conocemos algún usuario Premium que no fue informado de nada.

Con lo cual, la opción que parece más plausible es de que vaya a haber una rebaja en la suscripción Premium, noticia que sería muy bien recibida por una buena parte de usuarios que disfrutan en estos momentos del Strava básico, y también para las renovaciones de los Premium, por supuesto. Una rebaja del 50% sería todo un acierto en este aspecto, lo que dejaría la cuota anual en unos muy apetecibles 29,99€.

No obstante, nada se sabe a ciencia cierta. Veremos en breve de qué va todo esto. Lo que sí sé es que, sin duda, cualquier novedad que no sea una rebaja en la suscripción Premium, no sería un “notición” para los usuarios básicos.

Navegadores GPS en Bikester.es

Una de repuestos

Hoy quería hablar un poco del tema de los repuestos. Este tema no es como la bebida, la comida o las herramientas en ruta, que siempre hay que llevar encima para una marcha ciclista. El tema de los repuestos es algo más o menos importante para alguien que rueda varios días a la semana y que no tiene una tienda de bicicletas a la puerta de casa, mientras que para el resto de la gente puede ser un tema sin absoluto interés.

Sea como fuere, en mi cajón de repuestos nunca suelen faltar:

  • Pastillas de freno. Tanto de montaña (más importante) como de carretera, es un consumible que no falta en mi cajón de repuestos. Las pastillas de freno se desgastan a una velocidad vertiginosa con lluvia/barro, y cuando menos te lo esperas te das cuenta de que te las has comido y estás sin frenos. Como siempre se terminan usando, nunca sobran.
  • Cámaras. Aparte de la cámara que llevo siempre en ruta, siempre tengo otra en casa para lo que pueda surgir. El día que pinchas y gastas la de recambio, pues tienes otra de recambio para el día siguiente.
  • Cadena y eslabón rápido. Si un día rompes cadena en ruta y gastas el eslabón rápido, siempre tienes otro a mano para tu próxima ruta. Es raro romper cadena (excepto los novatos), y más raro aún romperla dos días seguidos, pero nadie te puede asegurar que no vaya a ocurrir. En cuanto a la cadena, lo mismo que con las pastillas de freno. En mojado se desgasta rápido y es un consumible que siempre se usa y que no combiene apurar al máximo.
  • Calas de carretera. Así como las calas de montaña pueden durar años en buen estado, las de carretera te las puedes cargar en un solo día si te toca caminar, por lo que sea, por mal terreno. Dado que las calas de carretera, por lo menos las Shimano, a veces se encuentran rebajadas a 10-12 €, conviene tenerlas a mano y baratas para caso de necesidad. Hay que recordar que su precio en tienda suele subir de los 20 €.

Queda otro repuesto que, aunque procuro tener en casa con antelación, no lo pillo hasta que veo que va haciendo falta, ya que su desgaste es más precedible y es raro quedarse tirado por culpa de no tener recambio. Hablo de las cubiertas. Al igual que con las calas, se puede ahorrar mucho dinero comprando con antelación en oferta en lugar de justo cuando hace falta al precio del momento.

De todo esto que hablo aquí, pues hay quien lo verá como una tontería, pero para los que rodamos cuatro o cinco días a la semana y no nos queremos perder una ruta por falta de algún componente que se ha gastado o roto, pues son casi elementos imprescindibles a tener en la recámara.

Piezas y componentes en Bikester.es

Sobre Froome y el dopaje

Faltan 113 km para que termine el Tour 2018 en el momento de escribir estas líneas, y hoy quería aprovechar para hablar un poco de mis sensaciones acerca del dopaje en el ciclismo.

Y es que hemos llegado a un punto en el que una gran parte de la población parece tener muy claro de que hablar de ciclismo es hablar de personas dopadas hasta las trancas, que si no es imposible rodar una de las grandes vueltas. Si no es imposible…

Cuando alguien corre una maratón sin parar, cuando alguien es contorsionista y dobla la espalda hasta límites desconocidos para el común de los mortales, cuando alguien realiza cualquier tarea que los que no la practican no son capaces, tienen claro que es cuestión de practicar y practicar, y esforzarse; cuando ocurre con el ciclismo, es a base de dopaje…

Está claro que no estoy para nada de acuerdo con estas afirmaciones. Yo sí creo que el ciclismo sin dopaje es posible. Lamentable la visión de algunos ciclistas aficionados, que también creen que es imposible aguantar un Tour, un Giro o una Vuelta sin dopaje. Como ellos no pueden… Un aficionado sale a rodar un día a la semana o cada dos, después de trabajar toda la semana, a un ritmo X y dándolo todo, ¿cómo va a ser posible que los pros vayan 4 veces más rápido y aguanten tres semanas seguidas? “No no, ni con práctica se puede.”

Pues, claro que se puede, hombre, claro que se puede. Detrás de un ciclista profesional hay unas horas, una dedicación, una alimentación, unos fisios y un entrenamiento que parece que todo el mundo obvia. Gimnasio, series, descanso, un entrenamiento escrupuloso, entrenamientos en altura, así como la alimentación, y una musculación y un peso que nada tienen que ver con un ciclista aficionado. “Nadie es capaz de rodar tres semanas seguidas sin dopaje”. ¿A no? ¿Y los miles de aficionados que nos hacemos rodajes de 3-4 horas al día, cinco o seis días a la semana, y luego nos vamos a trabajar en vez de descansar en casita? “Es que el ritmo es más bajo”. Es más bajo, porque lo vemos desde nuestro nivel. Al igual que yo soy capaz de rodar a ritmo de alguien que sale un día a la semana en plan relax mientras mi compañero va dándolo todo, un profesional va de relax a mi ritmo dándolo todo. Es cuestión de la capacidad máxima que tiene cada uno, y que no tiene nada que ver. No hay más que ver cualquier etapa del Tour para ver que se guardan las fuerzas hasta que hay que dar el callo; los pros no van los 200 km dándolo todo.

Y que decir del dopaje en sí. Vamos a ver, yo no pongo la mano en el fuego de que no haya dopaje, aunque yo creo que a día de hoy el dopaje es anecdótico, creo que la mayoría de los corredores juegan limpio. Lo que sí que tengo claro es que nadie se va a dopar con las sustancias conocidas. La gente sigue hablando de epo, clembuterol, etc etc. Vamos a ver, hay controles diarios, al líder y a los ganadores de cada etapa, más los controles sorpresa arbitrarios. Si alguien se dopa, no será con las sustancias que pitan en cualquier test, ¿no? Al menos, tendrán dos dedos de frente para buscarse sustancias nuevas, ¿o es que serán tan inútiles?

Y aquí ya entramos en los casos Froome o Contador. Qué rápido tira la gente la primera piedra. Nadie entiende el concepto de “resultado desfavorable”. Un resultado habitual en deportistas, con lo exhaustivos que son los tests de dopaje. Resultados que deben ser privados hasta que se llega a una resolución del caso. No nos engañemos, con toda la mierda que dan a los animales de comer, en cualquier momento dado cualquiera de nosotros pitaríamos un resultado desfavorable en cualquier test de dopaje. Son resultados muy muy mínimos, que hay que estudiar. Llamar dopado a alguien con un resultado desfavorable es lo mismo que llamar delincuente a cualquiera que vaya a juicio, terminando con la presunción de inocencia. Primero hay que analizar, estudiar el caso, y luego sacar una conclusión. Pero ya no esperamos, acusamos muy rápidamente. Es la vuelta a la Edad Media, en la que uno grita “¡¡bruja!!” y la pobre mujer es quemada antes de poder defenderse o explicarse.

Y del caso Froome, qué triste ver como lo tratan. Y es que, además, la gente no tiene criterio. ¿Cómo es posible abuchearlo y aplaudir a su compañero Geraint Thomas? Si en el Sky se dopan, se dopan los dos, ¿no? “Es que el Sky siempre gana, hacen trampas fijo”. ¿No gana siempre el Real Madrid o el FC Barcelona? ¿Acaso se piensa la gente que un equipo de alto presupuesto y con los mejores fichajes no vale de nada en el ciclismo y sí en otros deportes?

Y qué decir del supuesto dopaje mecánico. Algunos se piensan que los comisarios son tontos y que si hay la más mínima duda acerca de una bicicleta no se revisa a conciencia para detectar cualquier posible fraude.

Yo ya digo, no pongo la mano en el fuego por nadie, pero creo, a diferencia de muchos, que pocos deportes debe haber más limpios a día de hoy que el ciclismo profesional.

Geles energéticos en Bikester.es

Temporada en Stereo

Hoy analizamos la última bicicleta que he estado usando, una Cube Stereo HPC Pro del 2014. Viniendo de una moderna Occam TR, con monoplato, Boost y manillar ancho, esperaba notar un downgrade, pero veremos que esto no es así…

Pues eso, he estado usando una Cube Stereo que le he mangado a mi hermano. En papeles, la Occam goza de mayores novedades tecnológicas, mientras que la Stereo era una buena bicicleta… en su momento. Cuenta con un cuadro de carbono, excepto el basculante, que va en aluminio. Cableado externo, triple plato 3×10, manillar de 720 mm, Reba con bloqueo remoto, ruedas DT Swiss y un montaje completo en XT, con un peso declarado de 13,25 kg.

La primera buena sensación la tenemos al levantar las dos bicicletas en peso. Se aprecia una diferencia de, quizás, un kg menos a favor de la Stereo. Pero no terminan aquí las buenas sensaciones, ya que una vez que nos ponemos en marcha la cosa mejora.

Desarrollo

El mayor hándicap que pensaba que me iba a encontrar era tener que pasar del monoplato al triple plato 22-30-40. La verdad es que acostumbrarse al monoplato es algo que ocurre al momento, mientras que para volver a manejar el triple plato con soltura necesitamos unos cuantos kilómetros de rodaje. No obstante, creo que lo tenemos infravalorado. El enorme rango de desarrollo disponible, tanto en subida como en bajada, y la suavidad del salto entre piñones, no otorga para nada una mala sensación cuando vienes del monoplato. El 40×11 con la rueda de 29″ da para bajar carretera a una velocidad desconocida hoy en día para las MTB actuales. Recordemos que ni el Eagle con un 34×10 puede hacerle frente. Y, en subida, igual. El 22×36 es un molinillo que se puede equiparar con un 32×50 en el Eagle, pero es más ligero que un 34×50 o un 32×46 en 1×11. Con la Occam, el 32×46 comienza a escasear a medida que subo montaña entre un 15 y un 20%. Un 20% de montaña hace reir al plato de 22, donde todavía me sobra el último o los dos últimos piñones, dependiendo de la dificultad del terreno con esa pendiente.

Suspensiones

La Stereo trae un amortiguador Fox CTD BoostValve y una horquilla Rock Shox Reba RL, que resultan muy absoventes, es especial la horquilla. Esto hace que la bicicleta se trague muy bien las pequeñas imperfecciones del terreno. La Occam es más tosca con los pequeños baches, en igualdad de SAG, y es algo que echo de menos respecto a mis dobles anteriores. En el lado negativo, mientras que en la Occam el bloqueo de las suspensiones es perfecto, en la Stereo el bloqueo no es completo y deja un pequeño margen de rebote en ambas suspensiones, lo que repercute en que, en carretera, cuando nos ponemos en pie, no aprovechamos bien la energía de pedaleo. En el lado positivo, tenemos bloqueo remoto de la horquilla, lo que, al final, nos incentiva a usarlo con frecuencia.

En cualquier caso, la Stereo fluye ágil en las cuestas, tal vez por el menor peso de ésta y las mejores ruedas que incorpora, mientras que en las bajadas, luces y sombras. Por un lado, le falta algo de estabilidad; esto se debe a ser menos pesada y a lo estrecho de su manillar. Por otro lado, se aprecian menos vibraciones para las manos, lo que hace que bajar una pista empedregada sea más agradable. Esto supongo que tiene que ver con la configuración de fábrica de la Reba, más absorvente con los pequeños impactos, y con el carbono del cuadro, que siempre se come las pequeñas vibraciones.

Conclusiones

La Stereo HPC Pro es una bicicleta que en el 2014 jugaba en una liga superior a mi Occam TR H30 del 16. Ligero cuadro de carbono, montaje en XT (frenos incluidos), buenas suspensiones y unas ruedas a la altura del conjunto. Sin embargo, la Occam TR de aluminio se valora mejor hoy en día en la segunda mano, y es que nos dejamos llevar por los datos técnicos en vez de por la experiencia a bordo de la bicicleta. En lo que a mí respecta, la Stereo sigue jugando en una liga superior, de modo que si buscáis una trail de 29″ y encontráis una en buen estado a buen precio, no dudéis en darle una oportunidad, ya que me parece una bicicleta estupenda.

Bicicletas de montaña en Bikester.es