En la carretera

En octubre del año pasado comencé a montar en bicicleta de carretera, y me doy cuenta de que no he hablado de mis monturas o experiencias a nivel “hardware” (ni falta que hacía, ¿no?).

Lo cierto es que comencé aprovechando una oferta en internet por una Vitus Zenium VR del 2014 para probar qué tal era eso de rodar en un bicho de estos. Se trataba de una bicicleta en aluminio de 9.3 kg. Estaba basada en el grupo 105 de 10 velocidades, con bielas compact y cassette 12-28. Y de ruedas, unas Grand Sport Race 25c. Lo cierto es que subir pendientes con los desarrollos de carretera al principio se me hizo un poco duro, pero esa sensación tardó poco en evaporarse. Llevé una tremenda caída con unas buenas limaduras en codo y rodilla por no entenderme bien todavía con los pedales de carretera un día que arrancamos en un tramo de pronunciada pendiente. Fue una bicicleta de aprendizaje de cómo se comporta una bicicleta sin suspensiones y frenada diferente. En lo que respecta al aluminio, se notaba demasiado las irregularidades del terreno (también era la novedad); esas novedosas y continuas microvibraciones de la carretera en todo momento me provocaban adormecimientos/cosquilleos en las manos y molestias en culo y espalda, debido a la rigidez con la que cualquier bache pasaba a mi trasero. Un sillín horroroso acompañaba a esta bicicleta y fue la única mejora que le añadí, con un Fizik Nisene muy cómodo.

No tardó en pasar la Zenium a manos de mi hermano y yo me pasé a una Cube Agree GTC Pro, la cual supuso un cambio notable de montura. Ésta, que marcaba sobre los 8.55 kg de serie, ya montaba el grupo 105 completo del 2015, en 11 velocidades, que suponía un funcionamiento muy diferente al 105 de la Zenium. Lo mejor de esta bicicleta era el carbono y la diferencia que éste otorgaba en cuanto a la reducción de las vibraciones que pasaban de la carretera a mi cuerpo. Aquí comencé a hacer de las mías y, como siempre, lo primero en cambiar fue el sillín, a un Selle Italia SLS, que reducía todavía más las vibraciones y los impactos que pudieran venir de la carretera, además de resultar un sillín muy cómodo y ligero. También cambié las ruedas por unas Campagnolo Zonda y las cubiertas a unas Continental Gatorskin 23c, que supusieron una mejora considerable respecto a las sensaciones sobre la carretera y al rendimiento. También probé unos pedales Speedplay Zero por eso de la fama que tenían, aunque conmigo no hicieron buenas migas. La bicicleta venía con un cassette 11-32 que me pareció exagerado, me sobraban demasiados piñones en la mayoría de las subidas, así que los cambié a un 11-25, con el que anduve sin problemas una buena temporada. Sin embargo, hubo y hay un par de cuestas por mi zona sobre el 20% donde casi subía clavado y al final terminé poniendo el que considero el cassette más versátil para un todo uso, el 11-28, que además viene bien para cuando se pasa una temporada sin salir por X motivo y hay que volver a coger el tono.

Finalmente, mi hermano comenzó a salir con más asiduidad por carretera y se quedó con la GTC Pro (a ver si así daba seguido mi ritmo jeje) y, como me había gustado tanto su funcionamiento y también su apariencia, aproveché para revender la Zenium y pasarme al siguiente peldaño de la Agree, la GTC Race. Resulta ser una bici que baja a los 7.9 kg de serie y que viene montada en Ultegra. Una vez más, cambié cassette, sillín y ruedas, el SLS y las Zonda ya no me las quita nadie, aunque esta vez me fui a por los neumáticos Grand Prix 4000S II, que aunque no son tan resistentes a cortes como los Gatorskin, sí se supone que proporcionan mejor adherencia incluso en mojado, además de rodar mejor. La verdad es que la rebaja en el peso realmente no se aprecia (sólo al llegar a casa y ver los tiempos del Strava en los tramos en cuesta); tampoco se aprecian cambios en el funcionamiento general del grupo, con lo que se puede ver el buen trabajo que ha hecho Shimano este año con su legendario 105, el cual funciona exactamente igual que el Ultegra de este año aparte de parecer un calco el uno del otro; dos grandes grupos donde el peso es su única diferencia.

De todo esto se puede concluir que el carbono marca la diferencia en carretera, no tanto en tiempos como sí en confort, y es lo mejor para los ciclistas habituales. También se puede extraer que, a no ser que busques mejoras de rendimiento, en cuanto a funcionamiento y sensaciones, el grupo 105 5800 es el gran grupo del año de Shimano. Las ruedas marcan una notable diferencia también, y es que he comprobado como unas buenas ruedas no sólo ruedan mejor en cuanto a tiempos (al menos en el caso de las Zonda), sino también en cuanto a estabilidad, ya que se mueven con mayor aplomo incluso con viento y también absorben mejor las irregularidades del terreno a pesar de tener un perfil un poco mayor que otras. Esto de las ruedas, que no parece para tanto, la verdad es que se nota mucho cuando te pones a los mandos de una montura tan ligera que se mueve mendiante un contacto con el asfalto tan reducido, donde toda brisa y bache te provoca perturbaciones. También se nota mucho llevar unas cubiertas con buen agarre, ya que, por ejemplo, las Grand Sport Race de serie no me daban demasiada confianza bajando, pues a poco que quería o necesitaba frenar un poco de más, ya comenzaba la trasera a derrapar. Es cierto que hay que tener mucho cuidado con los frenos en la bicicleta de carretera (y con ésta en general) y con las frenadas de emergencia, pero, y precisamente por eso, cualquier mejora en este aspecto puede suponer la diferencia entre un accidente o un susto.

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